El Madrigal-Casa Lucio, Madrigal de las Altas Torres, tiene en la carne su mejor embajadora

 

Castilla, Castilla, Castilla! Madriguera de recios hombres; tus castillos muerden el polvo, Madrigal de las Altas Torres; ruinas perdidas en lecho ya seco de ciénaga enorme». Distinto final tendría que escribir hoy para su cancionero Miguel de Unamuno para describir esta localidad abulense de la comarca de La Moraña, con 1.464 habitantes. Al menos, para recoger la tenacidad con la que el restaurante El Madrigal-Casa Lucio trabaja para descubrir los sabores de la gastronomía castellana y leonesa en la tierra donde nació Isabel la Católica.

Abrió sus puertas hace cuarenta años por iniciativa de Lucio, un vecino del pueblo, hortelano de profesión y que también trabajaba como camarero. Fue en 1966 cuando decidió apostar por el sector y abrir las puertas del restaurante que en la actualidad cuenta con capacidad para un centenar de comensales y que dirige su hijo, Manuel Baz Hernández. Especializado en asado y carnes de Ávila trabajan la cocina tradicional como carta de presentación. «Estamos en tierra de cochinillo y chuletón de Ávila. Pero las alubias son otra de nuestras especialidades junto al cocido», explica Lucio, quien confía los fogones del establecimiento desde hace tres años a Julio Gay Cáceres. «El menú diario está pensado para los trabajadores y en el fin de semana tratamos de sorprender con alguna elaboración», detalla. En la sala, el encargado es David López.

«Mantener un restaurante en un pueblo es muy difícil, diría que complicadísimo», se lamenta Manuel, quien insiste en la importancia de generar actividad y empleo en las zonas rurales. En su caso, explica que el restaurante tuvo que cerrar durante dos años al no poder seguir trabajando su padre y su madre. Pero en 1996 «decidí que había que abrir de nuevo porque es nuestro negocio familiar», explica Manuel, quien también mantiene otro local en la vecina Medina del Campo.

El hostelero echa en falta más actividades que promuevan la visita al pueblo y otros lugares de la zona porque «aquí hay mucha historia para descubrir». Además de abogar por el producto de la zona destacan una amplia carta de vinos de las denominaciones de origen de la comunidad, tanto de la Ribera del Duero como de Rueda.

Por cierto que «gusta mucho el verdejo de Madrigal, que se llama Ysabel de Madrigal» en honor a Isabel I de Castilla y que en 2016 recibió el Premio Arribe de Oro en la XII edición del Concurso Internacional de vinos Premios VinDuero-VinDouro.