Castilla y León cultiva más de 17.000 toneladas al año de esta hortaliza, la cuarta de mayor producción en la comunidad

 

Es la reina de la cocina. Aunque hay paladares que no la soportan, la inmensa mayoría de los gourmets no solo la aprecian sino que hacen de su presencia una constante en sus menús. Frita, asada, caramelizada o cruda. Multitud de variedades más o menos intensas y adecuadas para las diferentes formas de cocina, la cebolla, esa hortaliza que abre lágrimas en los ojos, es sana, rica y de gran interés gastronómico.

En Castilla y León tiene un importante peso productor, es la cuarta hortaliza de mayor cultivo tras la patata, la zanahoria y el puerro. Supera las 17.000 toneladas anuales, con cerca de 1.500 hectáreas de superficie cultivada y de trescientos agricultores dedicados a su explotación.

Este bulbo comestible, de olor y sabor fuertes y distintivos, arrastra tradición, cualidades medicinales y hasta magia. Conjuros de amor y rituales para atraer la abundancia al hogar o al negocio contemplan en sus pócimas la cebolla como ingrediente principal.

Es imprescindible en la cocina, al ser uno de los condimentos más empleados en la cultura gastronómica. Su jugosidad permite elaborar alimentos con muy poco aceite lo que la hace idónea para dar esencia a los platos. También encurtida, rebozada, hervida o rellena es deliciosa.

Sus capas concéntricas le han dado un lugar en la estética literaria y en las comparaciones psicológicas de la dificultad de alcanzar el interior de las personas. Hay que elegir los ejemplares que tengan el bulbo firme, sin brotes y que conserven intacta la piel, una cobertura crujiente. Y para conservarlas bien, el frigorífico no es lo recomendable sino que hay que buscar un “escondite” seco y ventilado, donde no tengan la luz directa que favorezca sus brotes y colocadas sin amontonar. Así además se evita su fuerte olor en la nevera. Para frenar el “saludable” llanto que produce pelarlas, lo más útil es tener el grifo abierto y meter las manos a menudo bajo el agua fría, lo que además evita que el olor se pegue. Cuando es muy fuerte el picor, pueden tenerse unas horas en agua antes de consumirlas. También admite bien el congelado.

La cebolla estimula el apetito y regulariza las funciones del estómago, es diurética, por lo tanto, un medio importante, como depurativo del organismo, cardiotónica e hipoglucemiante.
Tiene asimismo propiedades antisépticas y emenagogas (regulación del ciclo menstrual) y reduce, al igual que el ajo, la agregación plaquetaria (peligro de trombosis), así como los niveles de colesterol, triglicéridos y ácido úrico en la sangre.

Refuerza las defensas orgánicas

Además de forma general, favorece el crecimiento, retrasa la vejez y refuerza las defensas orgánicas, sobre todo frente a agentes infecciosos. Es un gran desinfectante y comerla sobre todo cruda, ayuda a protegerse contra las enfermedades infecciosas. Contiene vitaminas y sales minerales, azufre, fósforo, hierro, calcio, sodio y magnesio.

La cebolla posee un origen incierto. Los diferentes estudios apuntan tanto a Asia Occidental como al Norte de África como posibles lugares de nacimiento de esta hortaliza. Los primeros vestigios de consumo humano se remontan a India o Egipto, hace más de 5.000 años. En India un tratado médico , Charaka-Sanhita, la propone como excelente diurético y remedio contra enfermedades cardíacas, oculares o de las articulaciones. En Egipto eran muy valoradas e incluso algunos expertos establecen hipótesis en las que se ofrece la cebolla como uno de los alimentos principales en la dieta de los trabajadores de las pirámides, junto con ajos y puerros; utilizándose también durante los sacrificios y funerales a modo de ofrendas.

Griegos y romanos alimentaron con ella a sus tropas de combate, en la creencia de que otorgaba fuerza en las batallas cuerpo a cuerpo.