Sus valores nutricionales la hacen idónea para una dieta de adelgazamiento

 

Blanca es la variedad más común. Blanca porque, en su cultivo, se ampara este buscado color con la unión por encima de la mata de las hojas verdes que la rodean para impedir la entrada del sol e inhibir el desarrollo de la clorofila, pigmento que les conferiría un color verde. Blanco buscado que se potencia con trucos al cocinarla como añadirle leche y sal y evitar una cocción larga o en olla a presión. Apreciada por su sabor y sus posibilidades gastronómicas y rechazada por su invasor olor y por la hinchazón que produce, la coliflor aporta además un interesante contenido nutricional. Todo tiene soluciones o, al menos, atenuantes.

Si esta col se hierve desde agua fría o se cuece con comino o hinojo, o con una patata o manzana, reduce sus indeseables efectos secundarios también solventables con una posterior infusión de manzanilla con anís verde o de hierbabuena. A pesar de ese efecto indeseable es digestiva en comparación con otras coles y no hay razones para restringirla por trastornos como gastritis, úlceras o digestiones pesadas. Y es muy adecuada para los más pequeños porque tiene un alto contenido en vitamina C. Para evitar el mal olor, la sabiduría popular aporta otra solución, la de echar un trozo de pan mojado en leche en el agua de cocerla, añadirle unas hojas de laurel y no pasarse en el tiempo de cazuela.

Hay además otras variedades verdes al permitírseles su exposición al sol lo que les otorga más aroma y vitamina C, como el llamado Romanesco. La morada es otra clase caracterizada por la presencia de antocianinas, unos pigmentos con acción antioxidante, responsables de su color violáceo. Sin embargo, su peculiar color desaparece con la cocción y da lugar a un tono amarillo verdoso.

La coliflor es una de las hortalizas de mayor prestigio culinario. Cocida y con besamel gratinada o con ajo y pimentón son las formas más habituales de llevarla a la mesa; pero hay que buscar nuevas maneras como la crema de coliflor con champiñones que bien saben hacer los zamoranos, con almejas a la castellana o, incluso, con mejillones. Rehogada o rebozada, entrando a formar parte de guarniciones y ensaladas es parte de su oferta.

Respecto a su valor dietético, es fundamental su riqueza en fibra y su escaso aporte calórico, por lo que es un alimento que además de favorecer el tránsito intestinal ayuda en los regímenes de adelgazamiento. Su bajo contenido en sal y grasa la convierten, por lo tanto, en alimento ideal para individuos hipertensos, diabéticos y obesos.


Contra el cáncer

En la coliflor, al igual que en el resto de los vegetales de su misma familia, se ha identificado recientemente una serie de elementos fitoquímicos cuyos potenciales efectos en la prevención de diversos tipos de cáncer y otras enfermedades ha impulsado su consumo y cultivo, tanto como producto fresco como congelado.

Heredera de la col silvestre, una planta que se originó en la antigua Asia Menor, ha pasado por muchas transformaciones y reapareció en el Mediterráneo, donde ha sido un vegetal importante en Turquía y Italia, desde el año 600 antes de Cristo. Ganó popularidad en Francia a mediados del siglo XVI y después se ha cultivado en el norte de Europa.

En un principio era utilizada simplemente como fármaco natural para aliviar los dolores de cabeza o la diarrea. Serían los romanos quienes comenzaron a cultivarla para su producción, comercialización y consumo.

En la actualidad, su consumo se encuentra extendido por prácticamente todos los rincones del globo que poseen climas templados, aunque es China el principal productor. En Europa la lista la encabeza Francia con cerca de 25.300 ha cultivadas, quedando España en quinto puesto con más de 9.000 ha (200.000 toneladas), de las que 900 pertenecen a la Región de Murcia, donde se obtienen anualmente cerca de 30.000 toneladas.