Las mesas españolas en el reinado de Carlos V eran de las más variadas y ricas de Europa

 

El 18 de noviembre de 1517, el emperador Carlos V, que después sería proclamado Carlos I de España en vida de su madre, Juana, llegaba a Valladolid, después de desembarcar un mes antes con su séquito flamenco en la costa asturiana. Hasta llegar a la ciudad de Pisuerga recorrió Santander, entonces tierras castellanas, atravesó la provincia de Palencia, visitó a su madre recluida en Tordesillas y fue recibido en Mojados.

Julio Valles, presidente de la Academia Castellana y Leonesa de Gastronomía y Alimentación, y cuyos libros de historia gastronómica han recibido dos premios nacionales, guía a Degusta Castilla y León para descubrir qué comían los vallisoletanos y visitantes a principios del siglo XVI, incluido el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, nacido en Gantes en 1500.

A las mesas de los nobles y la realeza, llegaban variados platos de caza, barbos y truchas de río y pescados frescos del mar, a la posta (a caballo), en día y medio. La almendra era muy utilizada en las recetas. Alimentos como el azúcar y las especias eran de lo más preciado por lo que eran vigilados en las despensas. La cantidad de especias que se añadía a los platos permitía hacer una exhibición de poder.

En los platos de los pobres y ricos había berzas, ortigas (se hacía, por ejemplo, un caldo con ellas), cardos y cardillos, espárragos salvajes, cebollas y ajos (un antiséptico natural). La leche de vaca no se utilizaba, pero si se elaboraban quesos que duraban más tiempo. Por aquellos años, el carnero (cordero de más de 18 meses) era la carne más valorada porque las vacas su utilizaban en el campo y se mataban ya de viejas. Los potajes llevaban legumbres, verduras y caldo de ave.

 

‘Locura’ por las legumbres

En la España del siglo XVI había legumbres, garbanzos y alubias de la península y las procedentes de América, pero las lentejas tenían peor fama porque se decía que provocaban opilaciones y locura.

El azúcar era un ingrediente de lujo que se vendía en las farmacias. Las monjas elaboraban con este producto los electuarios o letuarios, que eran una especie de frutas escarchadas con hierbas y raíces medicinales, que se vendían en las boticas.

El cocinero Jesús Sánchez ha elaborado en su restaurante Puerta Grande, de Alaejos (Valladolid) el menú con el que el gastrónomo Julio Valles recrea la excelente mesa con la que Carlos V fue agasajado en la Chancillería de Valladolid, el 12 de enero de 1518.