Castilla y León disfruta de 1.200 hectáreas dedicadas a la multiplicación de estas plantas

 

Sin duda envidian su color, su forma y su textura, su zumo, dulzor y personal sabor. Todas las frutas son sabrosas y sobresalen en luminosidad y tintes, pero la fresa, sin duda, fue diseñada con esmero, sin prisas. Sin duda.

Más grande y con menos sabor, el fresón; más discreta e intensa la fresa. Ambos frutos lucen en un buen postre al natural, con nata, zumo de naranja, leche, yogur o vino. En tarta o mermelada, en ensalada -con una llamativa combinación con la sardina en aceite junto a toques verdes más tradicionales-, en gelatina o alguna espumosa crema.

«Sin duda Dios pudo haber hecho una mejor baya, pero sin duda Dios nunca la hizo». Ya lo decía William Butler, escritor Inglés del siglo XVII. Delicada forma, connotaciones de pureza y pasión. De ahí que la historia y las leyendas tengan esta fruto entre sus páginas.

La fresa salvaje tuvo, para los antiguos romanos y griegos, cualidades de purificación y de recuperación de estados de salud deficientes. En Bélgica, hay un museo solo para fresas.

En Otelo, Shakespeare adornó el pañuelo de Desdemonda con fresas simbólicas y Madame Tallien, figura destacada en la Corte del Emperador Napoleón, fue famosa por bañarse en jugo de fresas frescas. En Baviera, la gente común todavía practica el rito primaveral de amarrar canastas pequeñas con fresas silvestres, a los cuernos de las reses como ofrenda a los duendes, tan apasionados y encariñados con las fresas que les ayudarán a producir ganado sano y abundancia de leche.

Los indios americanos ya las comían cuando llegaron los colonizadores que después las importaron a Europa. Las bayas machacadas, mezcladas con harina de maíz y cocidas al horno, configuraban el pan de fresa, versión americana y copiada que dio lugar al pastel de fresa.

Segovia, Valladolid y Ávila

Castilla y León es tierra de fresas, de viveros de altura de estas plantas, especialmente Segovia, Valladolid y Ávila. Esta comunidad tiene 1.200 hectáreas dedicadas a la multiplicación de la planta de la fresa para proceder después a la plantación.

Del término latino fragrum, que significa perfume, son símbolo del ideal femenino, de la pasión y la tentación; pero además de su interés gastronómico tienen un interesante aporte en minerales y vitaminas. En los fresones hay mayor cantidad de azúcar, y es una fruta que, salvo contraindicación médica, se aconseja a los diabéticos.

Diurética y alcalinizante es, en general es un alimento excelente para quienes sufren procesos reumáticos y gota. Indicada para los enfermos hepáticos, para los convalecientes y anémicos porque es, además, de fácil digestión, nutritiva y aumenta las defensas orgánicas.

Rica sobre todo en vitamina C, presente en mayor cantidad que en los cítricos que se llevan la fama, posee una importante acción antioxidante. Tal vez, el único inconveniente de importancia que puede tener el consumo de fresas y fresones es la relativa frecuencia con que provocan reacciones alérgicas, es la fruta que con mayor presencia las causa.

Aunque maduran en primavera, -son las primeras frutas en hacerlo- las técnicas actuales de maduración, conservación y transporte permiten, pese a lo delicado del fruto, disponer de ellas todo el año. Eso sí, fuera de época a un considerable precio y menor sabor. Una taza de fresas tiene solamente 55 calorías.

Las fresas deben conservarse en frigorífico pero consumirse lo antes posible después de cosecharlas o comprarlas.