La Asociación de Camareros de Segovia rinde homenaje a cuatro veteranos profesionales dentro de Semana de Turismo y Gastronomía

 

Toda una vida dedicada a su pasión, su vida y su trabajo. Ellos cuatro son parte de la base de la actividad gastronómica de Segovia, y lo han demostrado durante una larga trayectoria en activo. Gregorio Rico, Luis Nevado, José Luis Aragüe y Félix Garzón serán homenajeados por la Asociación de Camareros de Segovia, que inaugura este martes la primera Semana de Turismo y Gastronomía, que con el epígrafe de ‘Territorio y Paisaje’ agrupa varios eventos ya consolidados, como el Congreso Regional de Turismo y Gastronomía, la Fiesta de Exaltación del Cochinillo y la Fiesta de la Trashumancia.

1. Gregorio Rico

Salida de la Media Integral de Valdecebollas. / FERNANDO CUEVAS

Gregorio Rico. / ANTONIO TANARRO

Dice que está prejubilado, pero sigue al frente de La Portada de Mediodía en Torrecaballeros. Gregorio (Fuenterrebollo, 1952) tiene sobre sus hombros una prolongada carrera de 51 años en la hostelería de Segovia, y empezó muy pronto, a los 14 ya estaba en el Casino de la Unión, donde su primer maestro fue Jesús Izquierdo. Después, restaurante Duque, donde estuvo 25 años, fue su escuela, donde adquirió la experiencia que le permitió «poner en práctica esa escuela como jefe de sala en El Rancho de la Aldehuela y, más tarde, para dar el paso a La Portada». «Vi la posibilidad y me solté», recuerda. Nunca ha pensado en «dejar el oficio», en el que comenzó «de chico, cuando no podía entrar en el comedor y me ocupaban en fregar cobres»; y opina que, como cualquier profesión, depara momentos buenos y malos y no le gusta mirar atrás, pero recalca que está «enamorado de lo que hago y me encuentro muy bien haciéndolo».

 

2. Luis Nevado

Salida de la Media Integral de Valdecebollas. / FERNANDO CUEVAS

Luis Nevado. / ANTONIO TANARRO

A está jubilado, pero su vida es la hostelería, en la que ha vivido desde que en 1967, con 15 años, entró en Mesón de Cándido «para subir los cascos de las botellas y barrer». Luis Nevado (Revenga, Segovia, 1951) estuvo 23 años en el mesón y otros cuatro en el Pórtico Real, hasta que en 1993 tuvo la oportunidad de quedarse con El Figón de los Comuneros y decidió montar su propio negocio: «Me costó un poco, porque estaba en una casa de las más importantes de España, pero me lo tomé en serio, consulté con mi mujer y mis hijos y me decidí porque tuve el apoyo de la familia». Le cambio la perspectiva. «Cuando eres empresario te das cuenta de lo que te han aguantado tus jefes», bromea, «y tienes más responsabilidad porque no solo te juegas tu prestigio sino que las familias de tus empleados también dependen de ti».

 

3. José Luis Aragüe

Salida de la Media Integral de Valdecebollas. / FERNANDO CUEVAS

José Luis Aragüe. / ANTONIO TANARRO

Mazaca (La Granja de San Ildefonso, 1950) es uno de los prestigiosos sumilleres que ha dado Segovia. Autodidacta que descubrió el vino como afición «y luego lo empecé a coger con pasión», lleva en la hostelería cincuenta años y está en el ecuador de su segundo mandato como presidente de la Asociación de Sumilleres de Segovia, germen de la asociación regional y de todas las de Castilla y León. Tiene una máxima que suele decir cuando le entrevistan: «Un sumiller es un libro cerrado lleno de conocimiento y dependiendo de la página que abras así te va a contestar». Aunque la realidad es que es un libro abierto; comenzó a trabajar como panadero con Aurelio Gil, marchó muy joven a Illescas, regresó a La Granja a mediados de la década de 1960 y tras unos años en Sepúlveda, en La Violeta, ha sido desde entonces hostelero y habla con pasión de vino y de hostelería. Se formó a sí mismo y cuando consideró que sabía suficiente se presentó a varios concursos; no ganó todos, pero dejó su impronta y en 1995, cuando ya tenía su tienda con una cuidada selección de caldos, obtuvo un premio nacional que le dio el respaldo definitivo.

 

4. Félix Garzón

Salida de la Media Integral de Valdecebollas. / FERNANDO CUEVAS

Félix Garzón. / ANTONIO TANARRO

Atesora una trayectoria profesional que comenzó con 12 años y de la que se retiró hace cinco. Félix Garzón (Villacastín, 1947) ha subido todos los escalones de la hostelería desde que en 1959 salió de casa para ser aprendiz en la barra de un bar de Villalba; un año después marchó a Madrid, aunque solo estuvo cuatro días en el histórico quiosco Canaletas, donde le tuvieron «cuatro días seguidos picando hielo». Volvió a Segovia y estuvo en muchos sitios. Entró en La Criolla con 15 y pasó por Duque, Casa Ricardo, El Abuelo y luego el hotel Sirenas, «que era como una escuela de hostelería». Allí se forjó en todas las facetas de camarero, hasta que rondando la veintena empezó a trabajar en Las Cuevas de Altamira, un local que entonces ofrecía baile todos los días con la orquesta que dirigía el maestro Arteaga. La ‘mili’ interrumpió esa acumulación de experiencia y, cuando regresó, Luis Martín González y Joaquín Vera le ofrecieron entrar en la discoteca Ladreda 25, que fue un referente en media España entonces y durante años.