Existen más de 2.000 variedades de “pyrus malus”, pero al mercado llega una docena

 

Podían vivir en el Paraíso siempre y cuando no probaran la manzana. Imposible.

La fruta era buena para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría y, además, estaba prohibida, que más se podía pedir. La tentación tiene forma de manzana, y es el símbolo por excelencia de la salud, del amor y el conocimiento; pero además, en la rutina real, es sabrosa, saciante, de escasas calorías, de gran variedad en color y sabor, permite hacer mermeladas sin azúcar y aportar el sabor dulce a las carnes y aves. Cruda, asada o en compota ayuda a nivelar el colesterol en la sangre y es útil en el tratamiento de enfermedades estomacales. Que más se puede pedir.

Es probablemente la fruta más antigua, hace ochenta millones de años que el manzano crece en la Tierra y ya los neolíticos disfrutaban de ella.

La reina de estas reinas es la Reineta, la de El Bierzo es Denominación de Origen Protegida. La manzana, con 1.534 hectáreas de superficie y una cosecha superior a las 19.000 toneladas en Castilla y León, supone la principal producción en fruta de esta comunidad.

Incluso sin conocer su composición y propiedades nutricionales, la sabiduría popular siempre le ha atribuido grandes bonanzas y como símbolo ha recorrido la historia de la Humanidad. El valle del Nilo era tierra de cultivo de manzanos en época del faraón Ramsés III, en el siglo XII a. C., y, en la mitología griega, tiene un papel protagonista en la guerra de Troya.

Hera, Afrodita y Atenea se disputaron la manzana de oro que había regalado Eris, la ninfa de la Discordia, para entregar a la diosa más bella del Olimpo. Zeus recurre a Paris, un mortal, para decidir quien es la más hermosa y éste otorga la Manzana de la Discordia a Afrodita y, a cambio, recibe el amor de la mujer más bella del mundo, Elena. La joven ya está casada con el rey de Esparta, pero huye con Paris. La venganza sirve de pretexto a Menelas para emprender la guerra de Troya.

Para los celtas, era ante todo la fruta de la ciencia y la magia y procedía de la isla de Avalón, frontera entre el mundo de los dioses y los hombres. El mago Merlín enseñaba sus conocimientos debajo de un manzano y Newton se inspiró para descubrir las leyes de la gravitación universal en el brusco despertar con el golpe de una manzana madura en la cabeza. Blancanieves, Guillermo Tell o el jardín de las Hespérides son otros nombres unidos en la leyenda o el cuento a este amarillo, rojo o verde fruto que los conquistadores españoles extendieron por el nuevo mundo desde donde, cien años después, emigraría a América del Norte, África y Australia. Existen más de mil variedades en todo el planeta; aunque el mercado ofrece un abanico moderado. Su conservación es larga, su riqueza hace que sea de empleo frecuente en cosméticos, es diurética, excelente tónico nervioso y muscular, buena frente a algunas enfermedades estomacales y llega en otoño a todas las mesas. Que más se puede pedir.

Su alto contenido en pectina protege al organismo contra los efectos de la contaminación ambiental al favorecer la eliminación de metales nocivos como el plomo, el mercurio y el cesio, así como otras sustancias tóxicas que se respiran en las grandes ciudades.
Hay un dicho inglés: “An apple a day keps the doctor away” o lo que es lo mismo “Una manzana al día mantiene lejos al médico”.