Castilla y León es la comunidad española con mayor producción de este tubérculo, 960.000 toneladas anuales

 

Básica en la alimentación y adecuada para todos los grupos poblacionales, desde niños y adolescentes a deportistas, estudiantes o en las dietas de los mayores y en las más variadas situaciones fisiológicas, como el embarazo o la lactancia, la patata está siempre presente en cualquier despensa.

Además de saludable y más ligera de lo que su fama le otorga, sus posibilidades gastronómicas son casi infinitas. Asadas, fritas o cocidas para purés, acompañamiento o como protagonista del plato y muy española, la patata de Castilla y León no solamente es de gran calidad y considerables variedades sino que esta comunidad es la primera española en producción de este tubérculo. Más de 5.200 agricultores dedican sus tierras a este cultivo y siembran unas 960.000 toneladas anuales en la región.

Grandes, pequeñas, rugosas o lisas, rojas, amarillas y violetas, viejas o nuevas… llevan ya desde el siglo XVI en España. Fueron los gallegos los primeros en introducirla procedente de los Andes (Perú, Bolivia, Ecuador, Chile y Colombia), donde sus pobladores ya lo conocían hace más de dos mil años. Proviene del término náhuatl “potatl”. Era su principal fuente de alimentación ya que en muchos lugares no se podía cultivar el maíz, el otro alimento básico de la zona.

La Solanum tuberosum pertenece a la familia de las solanáceas, al igual que el tomate, la berenjena o el pimiento. Las partes verdes de estas plantas, en las hojas y los tallos, contienen solanina, tóxico natural con sabor amargo cuya ingestión provoca dolores de cabeza. Aunque denostada en algunas épocas desde su introducción y hasta el siglo XVIII por relacionarse con algunas enfermedades como la lepra o relegada al adorno, como en Francia, por no estimarse comestible, la patata, rica en ácido ascórbido (vitamina C), a lo que sí contribuyó es a la desaparición del escorbuto, enfermedad endémica de los países del norte de Europa.

Hay quien apuntaría valores terapéuticos por su condición de ingrediente principal en la elaboración del vodka y de otros aguardientes obtenidos por destilación. Unos cien kilos de patatas suministran doce de alcohol puro. Lo que es menos discutible es su riqueza energética y sus beneficios para el sistema inmunitario, en especial si se comen frías o en ensalada. Es rica en proteínas, con algo más de dos gramos por cada 100 gramos de patata.

Las diferentes maneras de cocinarla pueden modificar de manera significativa su valor nutricional. Así, hervida solo aporta 85 kilocalorías por cada 100 gramos de media; lo que es un aporte calórico bajo comparado con la pasta o el arroz.

La patata en sí no contiene grasa, la aporta el aceite que absorbe cuando se fríe a la par que pierde agua. No obstante, a mayor temperatura y trozos mayores, menos absorbe. Al horno además de engordar mucho menos conserva sus nutrientes, en particular si se asan con la piel.
Es además un alimento que previene que millones de personas en países del tercer mundo se mueran de hambre cada año. Es un tubérculo extraordinario, de fácil cultivo, nutritivo y favorable al medio ambiente: Por eso, la ONU declaró 2008 como el Año Internacional de la Patata.

Fue además, el primer vegetal que viajó al espacio, en octubre de 1995. La NASA pretende utilizar este cultivo de patatas espaciales para alimentar a los astronautas que participen en misiones largas y, tal vez, en futuras colonias espaciales. Además de sanas, sabrosas y nutritivas, son útiles en la limpieza. Cortadas por la mitad quitan manchas de ropa y pinturas.