Es rica en vitaminas, pobre en calorías y millonaria en posibilidades gastronómicas y sabor

 

Es una fruta muy ligada a la Navidad, no solamente es esta su mejor época para el consumo, sino que permite enriquecer a buen precio platos de fiesta, decorar mesas e impregnar de sabor y de personalidad muchos menús.
Con jamón, dando un toque oriental al cerdo, pato o al pavo, rellena de marisco o langostinos, a la plancha, en mermelada y hasta en la “pizza”. Un toque exótico y tropical que además es interesante desde un punto de vista nutricional y muy adecuada en los regímenes de adelgazamiento. Y pensando en la Navidad, las hojas desechadas configuran un buen adorno en el belén a modo de gran planta del desierto, a los más pequeños les encanta y más si se nieva con un poco de harina.

La piña es refrescante y deliciosa, dulce con un toque ácido y tomada después de una comida copiosa ayuda a hacer la digestión. También su piel bien limpia y cocida en abundante agua deja un zumo delicioso y depurativo para, tras colarlo, beber con frecuencia porque produce sensación de saciedad y aporta líquidos con buen sabor.

La piña tropical proviene de Sudamérica, concretamente de Brasil. Allí fue donde la encontraron los colonizadores españoles y portugueses. Es el fruto de la planta conocida como ananás (los portugueses continúan manteniendo este nombre originario que para los indígenas significa “fruta excelente”).

Los principales países productores son China, Estados Unidos, Brasil, Tailandia, Filipinas, Costa Rica y México.
Las piñas están maduras cuando las puntas de las brácteas cambian del color verde al anaranjado. Conviene asegurarse al elegir una pieza de que el extremo del tallo no esté mohoso o manchado ni las hojas marchitas o la fruta golpeada. Es un fruto muy frágil y sensible a los cambios bruscos de temperatura; pero se conserva muy bien en el frigorífico, entera o ya pelada, y en rodajas dentro de un táper, forma muy cómoda para el consumo. No obstante, cuando alcanza el punto óptimo de madurez comienza a perder su jugosidad de forma muy rápida.

Una buena forma de consumo es la conserva, en almíbar tiene demasiadas calorías, pero al natural conserva frescura y sabor sin añadir azúcares.

Su contenido de agua es alto. Destaca su aporte de hidratos de carbono y de bromelina, una enzima que ayuda a la digestión de las proteínas. También tiene un importante contenido en potasio, yodo y vitamina C. El primero es un mineral necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y para la actividad muscular normal; pero quienes padecen insuficiencia renal y requieren dietas bajas en potasio deberán controlar su ingesta.

En cuanto al yodo, es indispensable para el buen funcionamiento de la glándula tiroidea, que regula el metabolismo y la vitamina C colabora en la formación de colágeno, huesos y dientes, glóbulos rojos y favorece la absorción del hierro de los alimentos y la resistencia a las infecciones. Además es antioxidante. La piña ofrece asimismo una buena cantidad de fibra que mejora el tránsito intestinal y beneficia a múltiples alteraciones y enfermedades. Es además un manantial de casi todos los minerales esenciales, especialmente de cobre, hierro y manganeso; esta es la razón quizás por la que los antiguos médicos creían en la piña como un medio para prevenir y curar la anemia.