Clotilde Sánchez ejerce con naturalidad el liderazgo de su empresa de embutidos en Guijuelo 

 

Es una más. Una de ellos. De los muchos empresarios de ibérico que se asientan en la localidad de Guijuelo y por la que corre sangre 100% chacinera.

Clotilde Sánchez nació dentro de un negocio en el que siempre estuvieron presentes las mujeres pero en el que quizás, al menos de cara al exterior, las decisiones las tomaban los hombres. Cosas de la vida, a Cloti, como insiste en que la llamen, le tocó en suerte ponerse al frente de la empresa familiar tras la muerte de su marido.

«Al principio, alguno de los hombres con los que tenía que hacer negocios se sentía un poco incómodo al tratar conmigo porque decían que tenían un vocabulario que no era para mujeres, pero salvo por alguna anécdota de ese tipo, me he sentido apoyada y respetada por clientes y por industriales de mucha edad» así que 16 años después puede decir que es «como uno más de ellos».

Asegura que fue su marido el que les «transmitió el gusto y el mimo por el negocio y no solo en el campo, sino hasta llegar al matadero» porque para esta empresaria, que evita todos esos nombres que hacen referencia a altos cargos, el producto que elabora «está muy vivo hasta que te lo llevas a la boca».

Su apuesta es por el producto tradicional, «el ibérico que hacemos nosotros es otro producto que no tiene nada que ver con grandes firmas» pues es consciente de que «para poder competir no nos podemos salir de lo tradicional pero mejorando día a día».

Trabaja de lunes a viernes y «si hace falta, sábados y domingos también» pues a Cloti lo mismo se la ve comprando cerdos que vendiendo jamones. «Por obligación estoy mucho en el despacho, al teléfono, pero lo que me gusta es el contacto directo con la gente». Es más, «cuando voy a la finca me cambia la cara, me encanta ver brotar las encinas, observar cómo van creciendo los cerdos y lo que han puesto», explica.

 

Jamones «de calidad y con presencia»

Aunque si hay algo por lo que saca pecho especialmente es por todo ese producto que está colgado en su fábrica pues sus jamones son «de calidad y con presencia».

A lo largo de la charla con Cloti, que no ha dejado en ningún momento de vivir en su Guijuelo natal, tampoco faltan palabras como «afortunada y agradecida» pues reconoce que «este negocio nos permite disfrutar» y sobre todo, todo lo que transmite lo hace con pasión.

A pesar de que sigue fabricando «la esencia de lo que elaboraban mis abuelos», son tiempos en lo que todo está muy controlado y en los que el camión de cerdos que necesita llega al matadero sin mayores complicaciones pues antes, recuerda cómo sus abuelos llevaban los piaras de cerdos desde la estación del tren al matadero.