Las galletas de jenjibre son fáciles para cocinar y jugar con los más pequeños, ideales para estas fiestas

 

Las galletas de jengibre son un símbolo indiscutible de la repostería de Navidad. Su tradicional forma de hombrecillo y su crujiente sabor, marcan la llegada de esta época del año tan especial.

La historia cuenta que estas galletas comenzaron a elaborarse en el siglo XVI en el norte de Europa. Con el paso del tiempo, además de la forma de muñeco en diferentes tamaños, los dulces navideños han ido añadiendo nuevos diseños con moldes de casa, árbol de Navidad, estrella, corazón, círculo, etc. De ahí que las galletas de jengibre sean, sin duda, una receta ideal para hacer con niños.

Javier Gutiérrez, por segundo año consecutivo, se ha decidido a elaborar esta repostería navideña junto a su hijo de tres años y medio, Álex. «Es una preparación muy fácil. A los niños les gusta tocar la masa, hacer las formas de las galletas, participar en todo el proceso. Se divierten, se ven útiles en la cocina, disfrutan muchísimo», detalla.
Durante la elaboración, los niños se sienten una parte muy importante en la creación de las galletas, algo que hace que valoren mucho más el resultado final y, después, «se sienten orgullosos de compartirlas con familia, amigos, llevarlas al colegio… Les hace mucha ilusión». Además, las galletas de jengibre ofrecen un gran abanico de posibilidades, ya que cada elaboración puede ser diferente.

Más allá del molde utilizado, hay un sinfín de maneras de decorarlas. Desde virutas de colores o de chocolate, caramelo, azúcar glaseado, pinturas dulces para decorar las caras… Todo depende de la creatividad e imaginación del repostero y del gusto del consumidor.

«Se pasan unas horas muy divertidas en familia, lo único que hay que tener claro es que no hay que ponerse las expectativas muy altas en cuanto a estética, porque si quieres que participen los peques, hay que darles su protagonismo, dejarles hacer, les encanta», explica Javier. De esta manera, las galletas de jengibre se convierten en una buena forma para que los niños tomen contacto con el mundo de la cocina.

Repostería navideña