Existen múltiples maneras de cocinarlas como un alimento muy preciado por ser bajo en calorías y rico en potasio

 

Muy versátil a la hora de prepararlo en la cocina, con oferta sencilla pero también creativa y delicada, la berenjena es muchas veces una hortaliza olvidada que debería estar más presente en cualquier hogar porque, además, es un alimento bajo en calorías, rico en potasio y en agua.

Las berenjenas se pueden preparar de infinitas formas: fritas, asadas, al horno, en crema, salteadas, endulzadas, en ensalada, rellenas con los más variados gustos, picadas en cuadraditos, en tiras, en ruedas. Rebozadas. Sirven como plato principal, como acompañante, como dip, como aperitivo… los recetarios recogen múltiples variadades para todos los gustos.

Esta hortaliza soporta bien el calor y es sensible al frío, por lo que la mejor época de cultivo es en verano. No obstante, debido a la producción en invernadero está disponible siempre en el mercado.

La calidad de cada pieza puede detectarse por su uniformidad, sin daños, firmeza, color de la piel y tamaño. Por lo general, las más sabrosas son las más tiernas y firmes, con la cáscara lisa y brillante, de aspecto saludable, de color morado oscuro y de mayor peso en proporción a su tamaño, algo que puede percibirse solo cogiéndola con la mano. La piel no debe presentar manchas, arrugas ni zonas blandas. Para comprobar si está bien madura, puede presionarse ligeramente con los dedos sobre la piel y, si dejan huella, está madura.

Es un alimento que aguanta poco más de una semana en buen estado y abierta se oxida enseguida. Conviene refrigerarla hasta su consumo y mantenerla aislada del resto de verduras y frutas; dado que reacciona con el etileno producido por la respiración de otros vegetales y se estropea antes.

Desde España, hasta Grecia, Turquía y los países árabes, pasando por Italia, hay varias recetas con berenjena famosas y es un alimento muy ligero siempre y cuando no se frían porque absorben como una esponja el aceite.

La historia de esta hortaliza suma curiosas anécdotas. Mientras en la Edad Media, era considerada afrodisíaca, y por ello, un manjar obligado para amantes, especialmente condimentada con jengibre, actualmente, en la isla de Bali, los hombres no se le acercan, creyendo que causa un efecto contrario.

Los primeros datos sobre esta hortaliza datan del año 2000 Antes de Cristo, en el sudeste asiático. Fue comercializado por vendedores árabes siglos más tarde en el norte de África y, desde este continente, entró en Europa en la Edad Media a través de la España musulmana, y muchos años después fue llevada a América por los españoles.

La ignorancia de los europeos a la hora de cocinarla, los llevó a unas mezclas nada digestivas ni sanas y la mala fama apartó su consumo. Hasta el siglo XIX no recuperaría su merecido lugar en los libros de recetas y solo en las cocinas meridionales italiana, griega o andaluza. Después, ha llegado a estar considerada como una auténtica joya gastronómica.