En Italia las lentejas se comen en la cena de Nochevieja, antes de la media noche para llamar a la riqueza para el año que comienza

 

Nutritiva, versátil, tradicional o innovadora en la cocina. Las lentejas saben llenar las mesas más humildes y sorprender en los restaurantes internacionales más sofisticados. Sin complejos.

Recomendables, mucho. Sabrosas, siempre y es además la única de las legumbres –bueno junto al guisante que también es una leguminosa– que no necesita remojo en agua para ofrecer un resultado suave y bien elaborado.

Un precio asequible, un cocinado fácil si se necesita, una caducidad larga –incluso ya cocinadas– y un buen puesto en la pirámide nutricional la han bautizado como el ‘caviar de los pobres’.

Además del habitual guiso con chorizo o jamón, cebolla y ajo para dar sabor, laurel para un toque personal y muchos adoran encontrarse algún trocito de patata o verduras como las espinacas, además de este sabroso plato que resucita decaimientos, pueden buscarse formas mucho más originales en su preparado. En sopa o ensalada templada por ejemplo con langostinos. Crema de lentejas con tempura de zanahorias y ajos, o con croquetas de quinoa, o de mijo. O Hamburguesas de arroz y lentejas e, incluso, en paella en lugar del arroz.

En Italia las lentejas se comen en la cena de Nochevieja, antes de la media noche para llamar a la riqueza para el año que comienza. Simbolizan el dinero y cuanto más se comen más se gana, la tradición es muy antigua; ya los romanos regalaban para el Año Nuevo un monedero que contenía lentejas augurando que se convertirían en monedas de oro.

El mayor inconveniente de esta legumbre, como de todas, es que produce muchos gases y hace las digestiones mucho más pesadas y molestas que otros alimentos y esto es porque contiene oligosacáridos.

La piel es lo que más problema provoca. Para retirarla sí que hay que dejarlas toda la noche en remojo y luego intentar quitársela;pero esto que es fácil con las alubias no lo es tanto con el garbanzo y la lenteja. Otro truco utilizado por la tradición popular es agregar una cucharadita de bicarbonato de sodio antes de echar las legumbres a la cazuela para que cuezan o ponerlas en el fuego junto con especias como el hinojo, el comino, el tomillo o el romero, o también con dos hojas de laurel. De esta forma, la digestión será más llevadera.

Si durante la cocción se rompe el hervor, bien añadiendo agua fría o bien retirándolo del fuego durante unos cuantos minutos, desaparecen los oligosacáridos.

Estas legumbres siempre se han identificado como uno de los platos que más hierro proporcionan al organismo y, si bien lo aportan, en realidad hay otros muchos alimentos que triplican el nivel de este mineral y el cuerpo absorbe mejor el hierro de origen animal que vegetal.