En Castilla y León, hay dos tipos con figura de protección de las leguminosas: la de Armuña y la Pardina de Tierras de Campos

 

Dicen que el secreto de la longevidad de las gentes de Castilla y León y, en particular, de las mujeres leonesas, está en el alto y tradicional consumo de legumbres durante generaciones. Aunque cada vez se ve menos las calles de los pueblos llenas de estas desordenadas plantas ya recolectadas para secarse al sol y recoger el garbanzo o la lenteja y, cada vez más, la letra pequeña del envasado recoge el nombre de localidades castellanas y leonesas pero un origen importado y americano, todavía hay mucha producción con nombre propio en Castilla y León.

Y en varias zonas de esta comunidad existen dos variedades de lentejas autóctonas amparadas por la figura de calidad denominada Indicación Geográfica Protegida (IGP), además del amparo del producto a través de la marca Tierra de Sabor de la Junta. La Lenteja de la Armuña, que se produce principalmente en la provincia de Salamanca, y la Pardina de Tierra de Campos, cuya mayor producción se ubica en la provincia de Valladolid; pero también en Palencia, León y Zamora.

La lenteja tiene mucho que dar en la cocina y mucho que decir sobre salud. La gastronomía tradicional y la moderna cuentan con esta legumbre, la única junto al guisante que no necesita para cocinarse pasar la noche en agua sino que puede hacerse directamente. Se comercializan también cocidas y enlatadas y en puré son fáciles de consumir. Además del más conocido guiso, la crema, su uso en ensaladas y su mezcla con nuevos ingredientes consiguen platos más ligeros. Exentas de grasa, su peso es el que regala en hidratos de carbono y una de sus grandes virtudes la aportación de hierro; pero para absorberlo bien debe acompañarse de alimentos ricos en vitaminas C, ensaladas o verduras.

Rica además en proteínas, pueden y, en general, deben formar parte de una dieta restrictiva porque su aporte calórico depende más de la forma de preparación que de la legumbre en si. Su consumo es especialmente interesante para personas con enfermedades cardiovasculares, con problemas de colesterol, diabetes, tránsito intestinal lento, bulimia o apetito intenso por su efecto saciante, anemia y en niños y adolescentes en época de crecimiento

Dos variedades básicas

Esta leguminosa procede de los países del suroeste de Asia, desde donde se extendió rápidamente por los países de la zona mediterránea. Actualmente, es una planta muy extendida, que resulta fácil de cosechar, favorece la regeneración de los terrenos al poderse alternar con el cultivo de cereales y es, además, barata, de fácil conservación y capaz de combinar con todo tipo de alimentos.

Para el consumo hay dos variedades básicas. Una produce semillas pequeñas de color castaño y, la otra, amarillas y de mayor tamaño; aunque existen numerosos tipos de lentejas que se clasifican según el color de la semilla. Las más comunes son las verdes o verdina (variedad Dupuyensis), de pequeño tamaño y color verde o verde amarillento con manchas negruzcas; los llamados lentejones, rubias o de la reina, entre las que se encuentran la castellana y la de La Armuña (variedad Vulgaris); las lentejas amarillas, de origen asiático; las lentejas naranjas, que constituyen un alimento básico en Oriente Próximo; lentejas pardas o pardinas (variedad Vairabilis) y originarias de la India, lentejas rojas, de sabor muy fino y muy apropiadas para la elaboración de purés y lentejas verdes azules, que crecen en zonas volcánicas.