Son vivos, divertidos y saltarines. Son sensuales, delicados y sutiles, ideales para la época estival

 

Tienen la frescura de los blancos pero se parecen más a los tintos porque presentan más estructura en la boca. Son frescos, aromáticos, afrutados y golosos. A veces a lo aromas frutales se unen ciertos toques florales. Son vivos, divertidos y saltarines. Son sensuales, delicados y sutiles. Uno de sus principales atractivos es su inagotable gama de colores, desde los piel de cebolla, a los tonos salmón, los rosa palo o pálidos hasta los color fresa y frambuesa. Son los rosados o claretes, que no es lo mismo pero es igual, como canta Silvio Rodríguez en su ‘Pequeña serenata diurna’.

Gris, champán rosado, clarete, rosa violeta, rosa franco, rosa peonía, rosa cereza, rosa frambuesa, rosa carmín, guinda, rosa amarillo, rosa violeta, rosa anaranjado, rosáceo, rojizo, albaricoque, piel de cebolla, anaranjado o salmón. Son solo algunos de los colores que pueden definir un buen rosado. La moda de los más pálidos, procedente de la francesa Provenza, también ha llegado a Castilla y León, de manera que hoy las bodegas ponen a disposición del consumidor una gran oferta para todos los gustos.

El color va a depender del tiempo en el que las pieles o los hollejos de las uvas permanezcan en contacto en el mosto. Es decir, del tiempo de maceración.

Por lo general, para su elaboración en la actualidad, las bodegas recurren a variedades tintas, como el tempranillo, la prieto picudo, la garnacha tinta o la mencía. Sin embargo, en muchos casos se utilizan también uvas blancas que aportan muchos más matices a las tintas, castas como el verdejo, el godello o el albarín. Esta última práctica ha sido de larga tradición en Castilla y León, donde los viñedos viejos se plantaban con variedades distintas. Este tipo de majuelos ha permitido destacar por sus vinos claretes muy singulares a comarcas vitivinícolas como Cigales.

Otra de sus características es que los rosados son vinos muy versátiles a la hora de su armonización con los platos. Acompañan bien los arroces, las pastas y los platos con patatas, las ensaladas y los pescados, incluidos los fritos. Muy adecuados para el tapeo, pero también para acompañar un contundente lechazo asado y los pinchos al estilo de Traspinedo, en Valladolid.

Son vinos de alta intensidad aromática, con un toque dulce en boca pero sin perder la acidez. Vinos que invitan a pedir una segunda copa. Además, los jóvenes prefieren vinos más suaves, fáciles, frescos y afrutados, características que cumplen todos los rosados recomendados abajo por Degusta Castilla y León.
Por todo ello, ¿qué mejor vino para este verano, entonces, que un buen rosado o clarete?