El Mesón Julio de la soriana Casarejos, un lugar para disfrutar del ciervo, el jabalí o el pichón

 

El verde de los extensos bosques de pinares arropa al pequeño municipio soriano de Casarejos, dónde se abre paso el impresionante Parque Natural del Cañón del Río Lobos. Y aquí, en este pueblo de apenas 200 habitantes, abrió sus puertas el Mesón Julio en 1981. «Entonces había mucha más vida», explica Pilar Lucas, propietaria del establecimiento. Sus padres, lo tenían claro, dedicarse a la hostelería era tradición familiar. «Mi abuela ya tenía un bar y mi bisabuela una posada», detalla.

La riqueza natural y la caza han permitido que la afluencia de visitantes a Casarejos sea constante, de hecho hay cuatro casas rurales y una posada. Sin embargo, la despoblación y el envejecimiento de la población no invitan al optimismo. Pilar tiene claro que sin una apuesta por la industria, los más jóvenes se marchan. «No hay trabajo.

Así que cuando uno sale a estudiar fuera ya no regresa». En su caso, no sabe si sus hijos continuarán con el restaurante, pero mientras disfruta en su pequeño establecimiento. Tiene capacidad para atender a 60 comensales y ofrece una carta basada en productos de la zona y comida casera.

En temporada de caza destaca el ciervo, el jabalí, el pichón… Aunque asegura que «el lomo relleno de salsa de almendras, gusta mucho». En tierra soriana, otro clásico, cuando las condiciones climáticas acompañan, son los platos de setas. «De momento, poca lluvia», reseña. También propone unas buenas verduras, escabechados, raciones y platos combinados. Y para finalizar tarta de queso, de manzana y flan de café.

Clientela generacional

Autodidacta en los fogones, se encuentra más cómoda con el trato al público. «Tengo clientes de mi padre y ahora vienen los nietos», dice orgullosa. «Así que será porque están contentos y les gusta la comida», añade.
De momento, la estabilidad en el negocio le permite seguir trabajando «cómodamente» y confiesa que «el servicio en barra ha bajado pero el de las comidas ha subido».

Para Pilar, el momento más complicado se vivió con el ERE de Puertas Normas para medio millar de trabajadores, en 2010. «Afectó a la economía de toda la zona». Ahora, asegura, la situación ha mejorado. «Cómo han vuelto a la actividad, eso se ha notado». No obstante, Pilar nunca pensó en abandonar. «Aquí hay Mesón Julio para quién necesite comer», concluye.