Un grupo de niños de San Juan del Molinillo, en Ávila, aprovecha la quedada del fin de semana para elaborar la tradicional tarta de galleta, chocolate y flan

 

Doce de la mañana, después de la misa dominical. Los niños han cambiado el correteo en el parque por diez minutos en la cocina. No más. Porque es lo que se tarda en preparar la tradicional, a la par que sencilla, tarta de galleta chocolate y flan.

Es San Juan del Molinillo, una pequeña localidad de la provincia de Ávila que no llega a los 400 habitantes pero que, como muchas otras, se alegra el fin de semana con la vuelta de los pequeños a visitar a sus abuelos. Marcelina San Cristóbal tiene doce nietos, de ellos, este fin de semana han venido ocho (María, Lucía, Irene, Gabriela, Nicolás, Mario, Ángel y los pequeños Guillermo y Pablo) que, junto a Samuel, Sara y Álvaro –también del pueblo– se han convertido en minireposteros por poco tiempo.

“Empezad colocando las galletas en el molde”, les dice la abuela mientras vacía el paquete de chocolate para hacer en un litro de leche desnatada. Hay que moverlo continuamente –de hecho, Lucía le echa una mano en esta tarea– para que no queden brumos, y una vez que está puesta la base de galleta se echa una primera capa del dulce negro.

Después se realiza la misma operación: otra capa de galletas tras ablandarlas en leche. Y tras ésta, la primera de flan, cuya preparación no tiene más que la paciencia de no dejar de remover el sobre en una taza de leche que después se vuelca a una cazuela donde se mezcla con más líquido blanco. Así hasta en dos ocasiones para completar bien el molde de la tarta.

El proceso no consume más de diez minutos. “Hay que hacerlo rápido para que no se hagan brumos y la tarta quede bien”, urge la abuela mientras trata de que los pequeños no se quemen con el recipiente. Eso, los que están atentos, porque los más pequeños llevan un rato entretenidos en devorar los pequeños manjares. Así, sin nada más, tiran del paquete de galletas hasta quedar saciados.

Una vez terminado el postre, todos de nuevo a jugar. La degustación tiene otra cita, la de después de comer.