El vino, su gran riqueza nutricional y una fuente de personalidad de Castilla y León

 

No tiene época porque las tiene todas. No tiene rival en la mesa porque sabe acompañar los mejores platos, desde los más sencillos a los más sofisticados y no solo llena el paladar sino que invade los sentidos. Además, su consumo moderado, no solamente es saludable sino aconsejable en términos generales, nunca en menores o embarazadas. Es el vino un producto de calidad y personalidad, especialmente cuando nace en Castilla y León. Es época de vendimia, pero el vino no tiene límites temporales como otros alimentos, siempre acompaña con calidad una buena mesa y un sabroso tapeo. Es aconsejable que acompañe las comidas y que no se ingiera solo porque el estómago vacío aumenta la rapidez de la absorción del alcohol y, por lo tanto, la aparición de los indeseables efectos secundarios. Un buen queso o jamón ibérico son un acompañamiento ideal, sin duda.

La Fundación Española de Nutrición valora de estos caldos «su carácter favorecedor de las digestiones que tiene la ingestión de un buen vino en las personas sanas; tomado en cantidades moderadas y acompañando la comida tiene un efecto euforizante complementario».

Son ya conocidos sus beneficios cardiovasculares. El doctor Epstein, experto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) demostró estadísticamente que la incidencia de infarto cardíaco consecuencia de la arteriosclerosis, era sensiblemente más baja en los países que consumen preferentemente bebidas de baja graduación alcohólica como el vino, según recoge la citada Fundación.

Los polifenoles en el vino ayudan a prevenir y controlar las infecciones del aparato urinario, controlar el colesterol, aliviar calambres musculares, contrarrestan las varices, disminuyen el riesgo de hemorroides, mejoran la artritis, las alergias y reducen la tensión arterial. Disminuyen además el nivel de insulina en la sangre, aumentan los niveles de estrógeno y mejoran la circulación de la sangre en el cerebro. Muchos valores de salud y nutrición para la bebida alcohólica más antigua. Noé ya hablaba del vino. Era guardado en toneles, recipientes de pieles de cabra y ánforas impermeabilizadas con aceites y trapos engrasados. El aire estaba en contacto con él. Los romanos lo cuidaron y la pasión por el misterioso caldo llegó a nuestros días.