Parece que los aires frescos de la Sierra de Francia, además de aire puro, tienen en su esencia una carga de creatividad que deja con la boca abierta. Y a la vista están esos Caminos de Arte y Naturaleza que llevan de asombro en asombro y de pueblo en pueblo mientras se disfruta de propuestas de arte vanguardista, al tiempo que se saltan regatos, se camina entre bancales de olivo y se suda en las cuestas.

Otra evidencia que pasma es la de Mogarraz, un pueblo serrano de porte auténtico -calles empedradas, arquitectura tradicional, granito por doquier y calles estrechas- por el que es imposible pasear sin que esa creatividad se te eche encima. La «culpa» es de los más de seiscientos retratos que cuelgan de las fachadas de sus casas ocupando el espacio que queda entre ventanas, balcones y dinteles. Un proyecto impulsado con coraje por el artista mogarreño Florencio Maíllo, que comenzó en 2012 como una exposición temporal pero que, en vista del éxito y el cariño que han ido tomando los vecinos al proyecto, tiene todos los visos de quedarse para siempre.