Antioxidantes, protectores, buenos para la piel, los dientes o el estómago. Los cítricos tienen mucho que dar

 

Los cítricos son, sin duda, los reyes de los fruteros, los refrescos, los platos convencionales o las exóticas nuevas cocinas. Más ácido el limón, de muchas variedades la naranja, ambos aportan aroma, color y sabor llenos de beneficios para la salud. Poseen altas concentraciones de vitamina C y sustancias con actividad prebiótica que son refuerzos naturales de la inmunidad y que producen efectos positivos de los componentes especiales de sus fibras dietéticas en la flora microbiana del tracto digestivo. El consumo regular permite el crecimiento de los microorganismos beneficiosos del colon y se considera que previene el cáncer.

Además, tienen la inestimable misión de evitar los daños producidos por la oxidación ligada a enfermedades cardiovasculares. Las vitaminas C y E y los carotenoides son probablemente los principales antioxidantes y fortalecedores de nuestro sistema inmunológico.

La vitamina C, al frenar la oxidación, tiende a degradarse muy rápidamente por acción del oxígeno del aire o la luz. Por ello, un zumo de naranja, limón o pomelo recién exprimido mantiene sus propiedades tan solamente unos minutos. La vitamina C ayuda además al desarrollo de dientes y encías, huesos, a la absorción del hierro, regala una piel más suave, ayuda a la producción de colágeno, metabolización de grasas o la cicatrización de heridas. No se puede pedir mucho más.

La naranja y el limón, a diferencia de otras frutas, no continúa madurando una vez recolectadas por lo que su calidad depende fundamentalmente de acertar con el punto de maduración.

La corteza también se emplea en la cocina y en el preparado de cócteles y combinados; pero hay que tener en cuenta que la cera que protege los cítricos puede llevar fungicidas que los bañaron para impedir el crecimiento de hongos y estas sustancias son tóxicas.


De la mitología griega a China con propagación árabe

Tan valiosa son la naranja y el limón que, ya recoge la mitología griega, que el regalo de boda de Gea a Juno fue el jardín de las Hespérides, situado en el monte Atlas, que estaba poblado de naranjos y limoneros. Los griegos los introdujeron en las ceremonias nupciales como un símbolo de fecundidad.

Hace miles de años, que el sur de China llena su paisaje de este cultivo que, posteriormente, se extendió por el sudeste asiático. La Ruta de seda facilitó su propagación por todo Oriente y fueron los árabes quienes la introdujeron, por España, a toda Europa.

Cuentan las historias menos oficiales que este cítrico era cultivado por pueblos primitivos desde épocas muy remotas. La exótica forma y el color de los cítricos y sus flores cautivaban a los viajeros y formaban parte de sus obsequios al llegar a su tierra.

Incluso, la naranja se utilizaba fundamentalmente como elemento decorativo porque, además, su sabor era al principio muy amargo.

El potente color de esta fruta ha extendido sus cualidades a la denominación de este tono del arco iris que toma de ella, y no al revés, el nombre para este color. El limón no ha logrado tanto; pero sí el apellido, amarillo “limón”.