Es uno de los alimentos más saludables, fáciles de cocinar y una buena terapia contra el estrés

 

Fritas conviene alejarlas de nuestro menú; pero cocidas o al horno, las patatas son de los alimentos más saludables, fáciles de cocinar y que ofrecen una buena oportunidad de cocina rápida y sabrosa. Así, las patatas ayudan a mantener un intestino saludable, mejoran las funciones cerebrales y te aportan vitamina B6, muy buena para aliviar el estrés.

Suponen uno de los cultivos más extensos, junto al arroz, el trigo y el maíz, todos ellos presentes prácticamente en las cocinas de todo el mundo y su presencia es especialmente frecuente en los platos, sobre todo como complemento. Deliciosas, fáciles de preparar y nutritivas.

Al horno, con y sin piel, son sencillas, se pelan o lavan muy bien, se envuelven con algo de sal y variadas especias untadas con aceite de oliva y al horno. También como cama, junto a la cebolla e incluso otras verduras, de aves o pescados también para el horno. Cocidas, también con y sin piel, con y sin sal si se es hipertenso, para preparar ensaladillas y no solo la rusa sino simplemente con aceitunas y tomate; con sardinas y atún; con caza escabechada; con anchoas; con piña, pepinillos y lechuga muy picadita… aliñadas con el clásico de aceite, vinagre y sal pero también con salsas de yogur o con mostaza. Para el verano o el invierno, frías o templadas… siempre sabrosas.

Contienen carbohidratos y nutrientes complejos, por eso una patata correctamente cocida que aporta solo 26 calorías, es una gran elección para incluir en una dieta, pese a la mala fama que tiene al respecto. Tiene bajo índice glucémico que provoca sensación de saciedad por largo tiempo y ayuda a mantener el picoteo en el olvido.

Y ¿Cuál?, ¿Nuevas?, ¿Viejas?, ¿Para Cocer?, ¿Para freír? El mercado intenta ponerlo fácil pero tanta incompatibilidad y oferta ciertamente desconcierta. Las nuevas o tempranas se recogen entre marzo y junio, antes de su completa maduración. Son más pequeñas, tersas, de piel fina y lisa y con una carne de color claro. El sabor es suave e incluso un poco dulce. Tienen más agua y menos almidón; por ello, se deshacen menos al cocerlas. Son buenas para la tortilla española y platos cocinados.

 

Momento óptimo de maduración

Las patatas de estación se recogen en el momento óptimo de su maduración, entre junio y finales de verano y sirven más para todo.

Y las viejas se recolectan en otoño, después de dejarlas enterradas durante semanas para que su piel se endurezca; lo que permite un largo almacenamiento. Grandes, de piel gruesa, oscura y más arrugadas, con un interior algo amarillento. Son perfectas para guisar porque se deshacen y absorben mejor los sabores y también para cremas y purés.

No obstante, cada vez hay más trampas de conservación y almacenamiento y las apariencias de las patatas engañan pasando por temporada las que en realidad son viejas. Están tratadas para que no maduren o germinen.
Las más frecuente y versátil es la Monalisa y la gran patata es la gallega, Kennebec.