La localidad zamorana, que divide por una línea imaginaria a España y Portugal, es la única de la Península Ibérica que forma unidad pese a pertenecer a dos países

 

Podríamos hablar de dualidad, de riqueza cultural, incluso aludir a Lusitania y rememorar tiempos de Viriato en los que los zamoranos y lusos; lusos y zamoranos iban de la mano de aquel a que apodaron en la Edad Antigua ‘Terror Romanorum’.

Esa unión, junto a otras muchas que se promueven desde las instituciones zamoranas y del concelho de Braganza, volverá a plasmarse el domingo 18 de junio, con motivo de la prueba deportiva ‘Transfronteriza’.

Será el mejor pretexto para realzar “la riqueza patrimonial, cultural y natural” de una zona en la que a veces parece que el tiempo se paró en una fecha por determinar y que solo avanza cuando uno de los -por ejemplo- cuatro habitantes de la vecina Flechas impulsan las manijas.

Perteneciente al municipio de Pedralba de la Pradería, Rihonor de Castilla es un pequeñito pueblo zamorano con una particularidad única en la Península Ibérica, forma unidad con la localidad portuguesa de Rio de Onor.

Su ubicación geográfica les hace estar separados únicamente por una línea fronteriza imaginaria, conformando realmente un único pueblo, eso sí, si estás en España se llamará Rihonor y si estás en Portugal estarás visitando Rio de Onor. Hace unos años, el municipio estaba dividido por una cadena y un candado, que hoy en día ya no existe, y si a uno le taparan los ojos, difícilmente sabría en qué lado de la frontera está.

“Diferencias un pueblo del otro por el adoquinado. El de España está asfaltado, mientras que el de Portugal dispone la clásica piedra portuguesa como superficie”, explican desde la organización de una carrera que quiere promover el desarrollo de la zona con la ayuda de la Reserva de la Biosfera Transfronteriza-Meseta Ibérica y la Diputación de Zamora.

Y es que los vecinos lusos hablan el castellano a la perfección, y si buscas establecer en que lado de la frontera estás por los vehículos, te darás cuenta de que en ambos las matrículas se mezclan, como el resto de caracteres, unidos por el espacio hace muchos, muchos años.

La naturaleza tampoco entiende de cadenas, y el clásico brezo rosáceo que puebla la Sierra de Culebra zamorana también se extiende por el Parque Natural de Montesinho o los Tras-os-Montes, otra de los pretextos para visitar la curiosa localidad fronteriza, ideal para el senderismo, con una flora y fauna para perderse (tampoco demasiado, pues estamos en tierra de lobos).

En lo relativo a la gastronomía, la famosa ternera de Aliste, las setas de la zona, o la ‘boya’ -un tipo de hornazo local-, son buenos reclamos para hacer un breve descanso o reponer fuerzas en el caso de participar en la ya esperada Transfronteriza del próximo 18 de junio.