Los talleres de cocina para niños de Afalvi en Burgos, conquistan a los más pequeños durante el verano

 

Llegan pronto y de manera escalonada. Algunos lo hacen con los ojos todavía pegados. El reloj comienza a aproximarse a las 10 horas de un sábado y los fogones están listos para la acción. Pero lo primero es lo primero. Con ese caos organizado que parece marcar cualquier actividad infantil, los niños se enfundan los delantales –alguno incluso lleva el suyo propio- y se lavan las manos. Se trata de un proceso casi mecánico, aunque a veces hay que recordárselo. Hoy son una decena de chavales de entre 5 y 12 años. Algunos son nuevos. Otros, sin embargo, ya son veteranos y tratan a Marian con confianza. Ella será quien les guíe durante dos horas entre las cazuelas. Y hoy, además, hay dulces sobre la mesa, los suficientes como para hacer varias decenas de flores de chocolate y de gominola. A priori, suena mejor que las verduras.

Estamos en los locales de la Asociación para el Fomento del Aprendizaje a lo Largo de la Vida (Afalvi), un colectivo sin ánimo de lucro dedicado específicamente a ofrecer formación no reglada de diferentes ámbitos. Al frente del aula está Marian Rodríguez, capaz de pasar de las clases de corte y confección a las de cocina infantil en un abrir y cerrar de ojos. Trata a los niños con cariño, y si tiene que reprender a alguien lo hace con dulzura. Y además, les enseña cosas muy útiles. Quizá por eso, sus clases de cocina parecen tener tanto éxito.

En esta ocasión, se trata de sesiones con carácter extraordinario con motivo del 30 aniversario de Afalvi, pero los fogones ya son parte fundamental de la oferta de la asociación. Así, por ejemplo, los campamentos de verano cuentan habitualmente con actividades culinarias. Y parece que la cocina está de moda, también entre los más pequeños de la casa. “Programas como Master Chef Junior han ayudado mucho”, explica Marían con una eterna sonrisa. Por cierto, Martina Pueyo, que ya ocupó las páginas del Degustín semanas atrás, también pasó por los cursos ofrecidos por Marian. La diferencia es que el aprendiz, en este caso, parece haber superado al maestro.

Pero todavía quedan muchos aprendices. Y mucho que enseñar. “Hay niños que no conocen el brócoli, o se creen que el huevo y las patatas ya vienen en la bolsa”, reconoce entre risas. Pero también es cierto que aprenden rápido. ¿Cómo? Jugando con sabores, texturas y colores. “Les llama la atención mucho el color, incluso el de la fruta y la verdura”, aunque a priori puedan ser los alimentos más denostados por los más pequeños, explica. En realidad, añade “no tienen miedo de probar nada”.

Cocinar jugando

Para subsanar ese desconocimiento, Marian echa mano siempre que puede del huerto ecológico con el que cuenta Afalvi en sus instalaciones de la calle San Pablo. Allí, los niños aprenden cómo crece el tomate o la lechuga que apadrinan y luego utilizan para sus juegos culinarios. “Hay que enseñarles a cocinar y a comer jugando”, insiste. Y con esa idea en la cabeza, Marian organiza las clases.

Por ejemplo, hoy toca preparar dulces. Pero no serán dulces al uso. La idea es hacer las propuestas más atractivas. Con chocolate negro y blanco, previamente cocinado al baño maría, los niños preparan sus particulares flores, que luego adornarán y meterán al congelador para que el chocolate solidifique. Algunos pasan de las flores y se la juegan –algunos con más fortuna que otros- con otras creaciones, como un balón o una guitarra que bien podría encuadrarse en el arte figurativo.

Y mientras el chocolate se enfría, toca jugar con gominolas. Un pincho, unas cuantas tiras de regaliz azucarado debidamente cortadas –por Marian- y una perlita de gominola pueden dar lugar a un hermoso tulipán, que debidamente envuelto puede pasar por un regalo perfecto. Créanme. Un servidor se llevó un par de ellos bajo el brazo.

A buen seguro, los niños regresarán a sus casas con la lección bien aprendida. De hecho, algunos, según reconocen los padres, repiten las recetas en casa. Además, y seguramente sea lo más importante, las clases les ayudan a “socializarse” y aprender “hábitos de vida saludable”, según Marian. Qué comer, cuánto comer o qué alimentos evitar. Alimentos como el aceite de palma, por el que algunos, por cierto, están muy preocupados, preguntando constantemente a Marian si alguno de los ingredientes utilizados en la receta de hoy lo lleva.