Inmaculada Badillo, propietaria de la vinoteca Tempranillo en Alcalá de Henares, explica cómo fueron los orígenes de su establecimiento

 

Estás loca. Sin experiencia en el sector, en un esquinazo de la Plaza de los Santos Niños, mujer (esto también lo tuve que oír), y solo vinos… Pero, ¿que no vas a dar desayunos, ni cañas?». Como leen, «las expectativas a mi idea no eran muy halagüeñas», explica Inmaculada Badillo Campo, quien siete años después de poner en marcha la vinoteca Tempranillo se reafirma: «La idea inicial sigue muy clara hoy: saber de vino para que nuestros clientes tengan la oportunidad de conocer más sobre este magnífico mundo».

Presume de seudónimo asociado a su local, Inma Tempranillo, tras poner en marcha en Alcalá de Henares un establecimiento «enfocado exclusivamente al vino. Vino de toda España para conocer y aprender. Porque el mundo del vino es un abismo al que solo había que saltar. Y así empezamos». Comenzó en 2011 y en 2015 amplió con un pequeño comedor al quedar vacío un local contiguo al suyo.

Trabajó 17 años para la multinacional Sony como ‘marketing manager’ en campañas promocionales de los DVD de las películas. «También tuve la suerte de ser la imagen de Pocoyó como jefe de marca en Latinoamérica».
Madrileña de nacimiento, Inma se siente paisana del pueblo salmantino del que procede su familia, San Felices de Gallegos. Asimismo mantiene un gran vínculo con el resto de Castilla y León a través de sus gentes del vino, «muchos nombres que han contribuido a mi formación y a los que estoy agradecida».

Juan José Moreno, con su microbodega del Alumbro, en Villamor de los Escuderos (Zamora), fue una de las primeras personas con las que empezó a conocer el vino. «Colaborar con Alfredo Maestro (Peñafiel) me ha hecho aprender de primera mano. Eso, por no hablar de que no había cogido un azadón en mi vida, y ahora considero un lujo poder trabajar de su mano en las viñas de Gredos (Ávila), coger muestras en Cigales (Valladolid) o desbrozar en un majuelo de Segovia», añade.

Más influencias, explica, son las de Fortunato Arranz (Bodegas Viña Mambrilla, Burgos) o de Enrique, un paisano «que con su bodega de pizarra (Quinta las Velas) es capaz de controlar la temperatura hostil de Ahigal de los Aceiteros y hacer un vino cien por cien bruñal».

En definitiva, la filosofía de la vinoteca Tempranillo «es contribuir a la cultura vitivinícola de la única forma que sabemos: compartir con nuestros clientes lo que aprendemos, siempre mientras bebemos un vino».