El arquitecto salmantino José María Collados profundiza en la elaboración de este producto típico salmantino

 

Ya se sabe que una cosa es la tradición y otra es el uso que uno haga de ella. Si hay un plato que los salmantinos pasean orgullosos por el mundo es su hornazo. Cuando se vive en la ciudad parece que el único momento para degustarlo es el Lunes de Agua, pero, ay, cuando se vive fuera se descubre que cualquier momento es bueno para disfrutar de este contundente compendio de los mejores productos de la dehesa ibérica.

Es lo que le ocurrió a José María. Tras su etapa de estudiante en Salamanca, su vida profesional lo ha llevado a recorrer muchos kilómetros y en estas idas y venidas descubría cómo, curiosamente, la cocina era un punto de relajación para él cuando volvía a casa.

Su predilección es la repostería y la panadería, así que de ahí al hornazo, lógicamente, solo había un paso. «Aunque siempre está la posibilidad de ir a una pastelería y comprar, uno acaba por descubrir que las cosas que se hacen en casa tienen un sabor especial y, además, ponerte con las manos en la masa también es una oportunidad para compartir tiempo con la familia o con los amigos haciendo otras actividades de las habituales y pasándotelo muy bien», explica.

Así que ha acabado por confeccionarse su propio estilo de hornazo, a su propio gusto. «Entre mi madre y mi vecina me dieron las claves básicas y a partir de ahí uno va probando cosas», señala. Incluso un día aventurándose por Internet descubría que el propio Karlos Arguiñano da consejos a sus seguidores sobre cómo conseguir un horneado perfecto para el hornazo. «En muchas cosas sigo lo tradicional y en otras no; según», reconoce.

De momento, ya sabemos el secreto de un buen hornazo El Norte de Castilla. Muy buen humor y algo de maña y lo bueno es que no hace falta esperar al Lunes de Aguas para darse un buen banquete.