El Centro San Juan de Dios de Valladolid cuenta con un equipo culinario de seis personas, tres de ellos con discapacidad intelectual. «Todos somos iguales», afirma Miguel González

 

Es capaz de hacer casi cualquier cosa con las manos», explican sus compañeros. «Es ese manitas al que todos acuden para esto o lo otro», añaden desde el Centro San Juan de Dios, un espacio destinado a personas con discapacidad, que destila historias de superación, valores, incluso, algunas cocinadas a fuego lento durante más de tres lustros.

Miguel González tiene una habilidad especial. La discapacidad intelectual que apunta su informe clínico no se traduce cuando su cometido radica en dar forma a una caja de madera, confeccionar una estantería metálica o… ¡elaborar la mejor tortilla de patata del sur de Valladolid! Y todo en apenas unos minutos. «Miguel tiene una habilidad manual muy importante. Empezó en el centro de empleo con la carpintería y haciendo labores de mantenimiento, pero la carga de trabajo bajó, y le destinaron a la cocina», explica Mariano Matas, responsable de este área en el San Juan de Dios.

El cocinero vallisoletano, de 42 años, forma parte de un equipo de seis personas que dirige Matas. «Desempeña el papel de ayudante de cocina, una labor que podría realizar en cualquier restaurante, porque es muy responsable y constante», subraya con rotundidad el jefe de cocina del centro.