Félix Lorenzo Cachazo, de Podaldez, representa una de la bodegas más solidas de la DO Rueda

 

Fue uno de los ocho fundadores de la Denominación de Origen Rueda, la primera que se constituyó en Castilla y León en 1980. El viticultor y bodeguero Félix Lorenzo Cachazo ha vivido, desde entonces, «un cambio total en la forma de elaboración y comercialización. La limpieza fue una revolución a partir de los años 80». Descendiente de una de las bodegas más antiguas de la zona, creada en la localidad vallisoletana de Pozaldez en 1946, ha visto como se pasaba de la venta a granel de amontillados y olorosos, producidos con la casta palomino fino, a ser Rueda la primera denominación de origen de vinos blancos secos en España, elaborados con la variedad verdejo. «La uva se metía en una prensa de palanca, el vino se clarificaba con sangre de toro y tierras blancas de Nava del Rey y se intruducía en grandes cubas de madera de 3.000 litros en las cuevas subterráneas», explica el presidente de la bodega.

Este bodeguero y su mujer, Rita Heras, que siempre se ha ocupado de la administración y la gestión de la bodega, han logrado el crecimiento sostenido de una de las bodegas familiares más sólidas de la DO Rueda, gracias a sucesivas ampliaciones desde que en 1992 estrenaran nuevas instalaciones a las afueras de Pozaldez y después de sortear tiempos difíciles. En los años noventa, empezaron a viajar por Europa junto a otros bodegueros para vender sus vinos de la marca Carrasviñas, sin ninguna formación en idiomas, de la mano de las misiones que organizaba entonces la Cámara de Comercio e Industria de Valladolid. Así llegaron a países como Estados Unidos y Alemania, el principal mercado para Bodegas Félix Lorenzo Cachazo y también para el resto de la DO Rueda. De hecho, el embajador de Alemania en España, Reinhard Silberberg, visitó esta bodega en 2012, dado que lideraba las ventas de vinos de la DO al país sajón.

Hoy en día, el matrimonio trabaja mano a mano con sus hijos, Eduardo y Ángela Cachazo Heras, que representan a la quinta generación y se han convertido en pilares fundamentales del negocio. Eduardo estudió Empresariales en Valladolid y es el director comercial, departamento en el que le echa una mano José Antonio Solano. Eduardo Cachazo Heras explica que la bodega tiene una producción anual de un millón y medio de botellas. Cuentan con 35 hectáreas propias de verdejo, palomino y sauvignon blanc, aunque compran la uva de otras 200 hectáreas de viticultores de la DO Rueda.

Ángela estudió Ingeniería Técnica Agrícola en Valladolid y Enología en Alicante. Desde allí, regresó a Valladolid para vinificar en la bodega familiar y aprender el día a día con el enólogo Eulogio Calleja (Bodegas Naia), que fue asesor de Bodegas Félix Lorenzo Cachazo durante una década. Reconoce que para ella fue crucial trabajar con Calleja y contar con la ayuda de Andrés Soba, que es el responsable de la bodega desde hace 38 años, los mismos que tiene la directora técnica.

Nueve hectáreas de viñedos prefiloxéricos

Uno de sus mayores activos son las nueve hectáreas de viñedos prefiloxéricos plantados en suelos arenosos en Tierra de Pinares de Alcazarén y que fueron registrados más tarde, en el año 1900. «La filoxera no podía hacer túneles porque se hundía, así que no atacó a las raíces de las cepas», explica Ángela. «Es nuestro viñedo más valorado. Antes toda la uva iba para Carrasviñas, pero estamos pensando en elaborar un vino muy especial, diferente, en homenaje a las historia de la bodega, a nuestros antepasados», adelanta la enóloga, mientras asiente José Antonio Solano, de quien ha salido la idea. «Estas uvas tienen menos capacidad aromática pero ganan en boca», detalla Ángela, a la vez que confirma que este año ha vinificado por separado un depósito de 25.000 litros con las uvas de estas cepas prefiloxéricas. El resto de viñedos, de más de 50 años, se encuentran en suelos pedregosos con mucho canto rodados en La Seca, Pozaldez y Serrada.

La bodega se enorgullece de contar con el índice más alto de viñas en vaso en la DO Rueda, y de mantener la esencia de Rueda con la variedad palomino fino o Jerez. De hecho, han decidido elaborar el Dorado Carrasviñas con las variedades palomino y verdejo para recuperar la antigua tradición de los Vinos Olorosos de Carrasviñas. Vendimian la uva más tarde, con un alto grado de alcohol (15 grados). Las dos castas se vinifican por separado, se despalillan y se someten a un suave prensado para extraer el mosto yema, que fermentado en depósito de acero inoxidable. Se elimina la lía gruesa y se realiza el ‘coupage’ de los dos tipos de vino. Siguiendo la elaboración de sus antepasados se envasa en garrafas de cristal de 16 litros o damajuanas. El vino permanece a la interperie alrededor de 18 meses. Durante este tiempo realiza una crianza oxidativa que le confiere al vino un color dorado. El vino pasa por crianza en barricas de roble donde permanecerá al menos dos años previos a su embotellado.

Para Ángela Cachazo Heras es fundamental el trabajo con las lías finas para dar mayor untuosidad y grasa a los vinos blancos. «De esa manera conseguimos extraer el carácter varietal de la verdejo, con esos fondos de hinojo y anís», defiende la joven enóloga.

Elabora unas 13.000 botellas de Carrasviñas Fermentado en Barrica, con catas continuas para evitar que la madera tape el vino. Hace lo mismo con las 15.000 botellas de espumoso, que pasan 10 o 12 meses en rima, para buscar «el frescor y el carácter de la uva».

Bodega Félix Lorenzo Cachazo