Tres propuestas para disfrutar en primavera en el norte de Castilla y León: Rebolledo de la Torre, Piedrasecha y Santa Gadea del Cid

 

El mes de mayo ya está aquí. Y con él, por algún resorte atávico, a muchos les llegan unas ganas irrefrenables de abandonar el salón en el que han estado hibernando, buscar en el cajón la camisa de cuadros y localizar un sitio donde se coma bien, se duerma mejor y sea bonito.

El hombre primitivo lo llamaba -en su idioma, claro-, «salir de la cueva». El actual, «salir al campo». Y si está un poco más puesto, «hacer turismo rural». Es decir, buscar nuevos horizontes, localizar un pueblecito en el que el olor a boñiga y humo de chimenea nos cargue de endorfinas; encontrar un senderillo que no esté muy empinado y se pueda recorrer en un par de horas -si es por el medio de un bosque y tiene buenas vistas, mejor-…

Desde luego, no es mal momento: los días se van alargando, las temperaturas son más suaves y el campo está a reventar de flores. Es decir, aunque sea un período un poco delicado para los alérgicos, lo cierto es que pasar un fin de semana ventilándose con los aires rústicos del campo es algo que, para muchos, se presenta casi como una necesidad.