Casa Brigante, en Lerma, convierte el lechazo churro asado en horno de leña en un manjar

 

El nombre del establecimiento ya es toda una declaración de intenciones. Lo toma de ‘El escuadrón de Brigante’, que noveló Pío Baroja. Y es que este asador lermeño rinde un pequeño homenaje a los guerrilleros de esas tierras burgalesas que se batieron el cobre con el invasor francés hace ya más de dos siglos. La decoración, con armas y recuerdos de aquella época tan convulsa como atrayente, recuerda a aquellos valientes que no dejaron de atosigar a las tropas de Napoleón.

Junto a este homenaje histórico se encuentra el gastronómico. Casa Brigante se convierte en un elíseo donde degustar un cuarto de lechazo churro asado en horno de leña, su plato estrella y que le ha dado una merecida fama en Lerma. Y el elemento unificador de todo esto es Diego Peña, historiador, gran conocedor de esa etapa de nuestra historia y maestro de maestros con el fabuloso horno que se hace visible al entrar en el asador. Historia y gastronomía se funden en uno solo para deleite del comensal.

El secreto de este lechazo no es otro que el estado en el que queda la carne. El jugo con el que se hace y suelta el mismo asado hace que el lechazo se deshaga en la boca, y que este plato alcance dimensiones casi celestiales. Junto con la consabida ensalada, este plato es la estrella en Casa Brigante. Las chuletillas también deleitan al paladar más exigente.

Para carnívoros, la carta guarda otros platos como solomillo y chuletón de buey, así como churrasco o codornices confitadas.

Pero además, el comensal puede disfrutar de la cocina tradicional que se elabora con un buen producto de la zona. No faltan como entrantes el chorizo y la morcilla, pues no olvidemos que nos encontramos en Burgos. La cecina de caballo también aparece en la carta, lo mismo que los caracoles.

La oreja rebozada es otro de las entradas. Hay patés de la casa. Excelente el de faisán al cava, servido a la temperatura perfecta para poder captar todos sus matices, ese sabor inconfundible que deja el espumoso. Las mollejas son otra de las especialidades. Y todo ello en abundancia.

Cuenta con una bodega más que aceptable, con referencias de Ribera del Duero y Rioja básicamente, así como un pequeño guiño a los vinos de la zona, Ribera del Arlanza.

En los postres, para redondear y celebrar el buen gusto que ha dejado el lechazo, un flan de café resulta una magnífica opción.

Casa Brigante bien merece una visita. Es una buena excusa para visitar la histórica y monumental Lerma. Uno se sentirá como una partida de guerrilleros preparada para tomar al asalto un suculento cuarto de lechazo. Una batalla incruenta y que se desarrolla en un plato a base de cuchillo y tenedor. Solo pueden quedar los huesos.