El Mesón Villa de Urueña, parada medieval en busca del paraíso de la lectura

 

No tiene nada que envidiar a la famosa casa de chocolate y bizcocho sobre la que se abalanzaron Hansel y Gretel, en el conocido cuento de los hermanos Grimm. No se come por fuera, pero sí muy bien en su interior. El mesón Villa de Urueña abrió sus puertas hace treinta años en este municipio vallisoletano, que no alcanza a los doscientos habitantes y que desde 2014 tiene el título de ‘Uno de los pueblos más bonitos de España’ y el de la primera Villa del Libro española desde 2007. Un negocio que dio sus primeros pasos en 1988, cuando Luis Antonio Vallecillo Negro regresó a su pueblo natal. «Si me pongo a contar supero los famosos ocho apellidos, en este caso de Urueña», bromea haciendo referencia a su árbol genealógico.

Hoy en día comparte vida y trabajo con Olga Fernández Puerta, quien, al frente de los fogones, ha hecho de los platos de cuchara su principal atractivo en una propuesta gastronómica que se asienta sobre los alimentos de la comunidad. Así encontramos alubias pintas de La Bañeza con costilla y chorizo picante; potaje de garbanzos con arroz y bacalao (típico de la Semana Santa) y sopa de ajo y castellana. Pero a la cuchara le acompañan el revuelto de morcilla, de setas y gambas y de bacalao al estilo portugués.

Junto a ellos, las ensaladas de escabechados, de canónigos con queso fresco y nueces y la mixta. «Nosotros dejamos la perola en la mesa y el cliente se sirve lo que quiere», apunta Luis Antonio, mientras explica que el «menú especial de la olla» es uno de los más solicitados. «Lo hacemos nosotros. En aceite, el lomo en manteca, la costilla y el chorizo, y lo calentamos y acompañamos con un huevo frito y las patatas», subraya, antes de enumerar otras opciones, como la carrillera de ternera con setas, la ventresca de bacalao con pisto natural, el conejo guisado con setas al estilo de la abuela o el secreto ibérico servido en plato de barro caliente.

En cuanto a los postres, estando en la Villa del Libro, merece mención el Pastel Especial de Libro de mazapán, hojaldre y mousse de avellana. «La gente ya lo conoce y nos lo piden directamente».

En el caso del Mesón Villa de Urueña, cruzar al salón para cuarenta comensales, significa viajar a otra época. «Soy un enamorado del concepto mesón, de lo medieval», explica.

Trabajan las redes sociales porque «hay que estar conectados con todos los públicos», pero desconfían del ‘boom’ de las modas porque «hay gente que hace verdadera cocina de lata. Hay veces que me recuerda al cuento del Rey Desnudo… Hace falta que alguien diga que está desnudo», lamenta Luis Antonio y aprovecha para reivindicar el potencial de los pueblos. «Mantener actividad ayuda a que el pueblo no desaparezca, aunque tenga población y esté envejecida». En este sentido, aboga por aprovechar todos los recursos al alcance, naturales, patrimoniales y gastronómicos.

Mesón Villa de Urueña