Nace ‘Orujo Genarín’, el «quinto milagro», un producto fruto, que busca convertirse en una auténtica bandera de la licorería y la gastronomía de León

 

«…Y antes de ser declamadas para gloria de este mundo, siguiéndote en tus costumbres, pues nunca ganasteis lujos, bebamos a tu memoria una copina de orujo, que fue lo que más chupaste antes de ser difunto…»

Y ahora, 88 años después de aquella fría noche en la que el pellejero fue atropellado, con tu orujo, Genarín. Porque si el Zar Pedro el Grande tenía su propio vozka por qué no iba a tener su propia bebida uno de los iconos más populares, reconocibles y entrañables del imaginario leonés.

Era una fórmula sencilla, simple y con sentido: unir al afamado borrachín con el oro blanco leonés. Porque en León, tierra de gran tanta tradición vitivinícola, con abundantes hollejos de la uva, el orujo es sinónimo de amistad, de celebración, de momentos ‘prestosos’.

Y así, en el aeropuerto de San Petesburgo se fraguó una idea moldeada con cariño y con esmero hasta convertirse hoy en el ‘Orujo Genarín’, un producto artesanal, cien por cien leonés, que arranca su andadura coincidiendo con el tiempo de Pasión.

Precisamente con sabor leonés fue su puesta de largo. Un animado filandón en la centenaria Casa Benito, la única aún en pie que pisó el anti-héroe Genaro Blanco Blanco, sirvió para la presentación de este nuevo producto, acuñado ya como el quinto milagro del pellejero leonés.

Un producto que ya ha comenzado a comercializarse por diferentes establecimientos de productos gourmet y tradicionales y que nace con la vocación de convertirse en un ‘souvenir’ más de la ciudad que brinda la oportunidad de saborear la tradición más leonesa.

Precisamente con sabor leonés fue su puesta de largo. Un animado filandón en la centenaria Casa Benito, la única aún en pie que pisó el anti-héroe Genaro Blanco Blanco, sirvió para la presentación de este nuevo producto, acuñado ya como el quinto milagro del pellejero leonés.

Un producto que ya ha comenzado a comercializarse por diferentes establecimientos de productos gourmet y tradicionales y que nace con la vocación de convertirse en un ‘souvenir’ gracias a una cuidada y delicada presentación en una botella que combina la imagen con la historia y la leyenda del afamado pellejero.

 

Blanco, hierbas, café y crema

Daniel Humm, el chef del prestigioso restaurante. / AFP

Orujo Genarín. / DEGUSTACYL

Un orujo que nace de la mano dos jóvenes empresarios leoneses que han querido hacer de un producto con arraigada tradición popular una auténtica bandera de la licorería y la gastronomía del Viejo Reino. Un producto que brinda la oportunidad de saborear la tradición más leonesa con cuatro variedades: blanco, hierbas, café y crema.

El primero de ellos se destila, exclusivamente, a partir del hollejo de uva de la variedad Prieto Picudo, típica de los vinos con Denominación de Origen Tierra de León, y en alquitaras de cobre como se hacía antaño. La alta calidad del hollejo y un esmerado cuidado en su preparación hacen de este producto digno heredero del auténtico aguardiente que siempre se preparó y consumió en las casas leonesas.

El de hierbas se obtiene a partir del mejor orujo y de una cuidada maceración con hierbas silvestres entre las que destacan el tomillo, el romero y el orégano de los montes de esta tierra. Una mezcla que le otorga el intenso color y aroma característicos de un producto con larguísima tradición en la Montaña, las Riberas y en ese Bierzo tan orujero donde cada valle cuenta con su propia receta de licor de hierbas.

La crema de orujo se ha conseguido con una cuidadosa destilación de orujo combinada con la mejor crema de leche. El resultado, una crema de suave textura con toques acaramelados, idónea para las sobremesas. Por último, el licor café es fruto de la maceración del orujo y del grano de café, obteniéndose así una deliciosa variedad, totalmente natural, con un gusto final a canela.

 

Echar un Genarín

La imagen del pícaro leonés, simpático, borrachín y calavera, es conocida hasta en los lugares más insólitos gracias a ser protagonista de la procesión profana más famosa de España: el Entierro de Genarín.

Quién sabe si en unos años en lugar de echar una copina de orujo se diga aquello de echar un Genarín porque, sin duda, no hay mejor embajador del orujo leonés que este pellejero aficionado a la buena vida y al puterío.