Los vinos de Bodegas Montebaco son una prueba de la heterogeneidad de esta comarca vitivinícola

Estamos en una isla dentro de la Ribera del Duero por la altitud de los viñedos (entre 850 y 900 metros), los suelos de caliza y un clima extremo y frío, aunque la variedad sea la misma (tempranillo)». El director técnico de Bodega Montebaco, el enólogo César Muñoz, resalta las características de los terrenos de Monte Alto en los que están plantados los viñedos porque, en su opinión, «la finca se tiene que reflejar en los vinos, eso es lo más complicado». De ahí, que sea clave la labor del enólogo a la hora de interpretar el llamado por los franceses ‘terroir’.

Corría 1982 cuando la Denominación de Origen Ribera del Duero constituía su Consejo Regulador y su primer reglamento. Ese año echaba a andar una zona que presenta una gran diversidad a lo largo de sus 115 kilómetros de longitud y 35 de anchura, en la cuenca del río Duero. Muestra de esta heterogeneidad es, precisamente, la Finca Monte Alto, que se extiende por los términos municipales de Valbuena de Duero y Pesquera de Duero. También en 1982, el industrial vallisoletano Manuel Esteban Casado (que fue presidente del Real Valladolid) y su mujer, María Ángeles Martín de la Rosa, compraron esta finca agrícola y ganadera de 2.000 hectáreas que había pertenecido al Monasterio de Valbuena. Tras la desamortización de Mendizábal (1854-1856) había sido adquirida, primero por el marqués de Alonso Pesquera y después por los Pérez Andújar. De hecho, esta familia madrileña certificó la primera leche envasada española que procedía de las vacas frisonas de Monte Alto.

El matrimonio Esteban Martín se quedó con 200 hectáreas y el caserío principal de la finca en el que hoy se ubica Bodegas Montebaco, después de sucesivas rehabilitaciones, mejoras e inversiones, que «nunca terminan», subraya el gerente, Manuel Esteban Martín, el hijo pequeño de los fundadores de la bodega y propietario, junto a sus hermanas, María Ángeles y Susana. Hay que imaginar un gran caserío en el que había naves agrícolas y ganaderas, viviendas para los trabajadores, escuela, dispensarios médico y veterinario, teleclub y una capilla, que se conserva perfectamente, así como la casa de los propietarios.

 

Una mujer con aplomo

Cuando en 1996 falleció el empresario, su viuda se puso al frente de la finca y el viñedo y años más tarde contó con la ayuda de sus hijos Susana y Manuel, ambos ingenieros agrónomos. Manuel, que se incorporó a la bodega en el año 2000, explica que las reparaciones merecen la pena porque «son edificios de buena calidad, con doble muro de ladrillo y adobe, cámara de aire, y techos bien aislados con tejas colocadas a la segoviana». Aspectos que corrobora el enólogo. De esta manera, las antiguas naves ganaderas se han ido convirtiendo en salas de elaboración, crianza, embotellado y expedición.

La bodega cuenta con un parque de mil barricas, la mayoría de ellas de roble francés. Los depósitos de acero inoxidable conviven con tinos de madera troncocónicos, pero César Muñoz estudia incorporar depósitos de cemento cuadrados sin revestir con capacidad para 10.000 metros (como los de antes).

«La tecnología no nos diferencia porque ahora está al alcance de todos», asegura, antes de expresar sus dudas sobre la idoneidad de los depósitos de acero inoxidable, a pesar de que su mantenimiento es muy fácil. «El acero inoxidable no es neutro, la carga eléctrica provoca que los vinos se mantengan más tiempo turbios y tiendan a reducirse más».

Todos los vinos de César Muñoz en Montebaco se crían en barricas de madera. Sin embargo, una de las máximas del enólogo es que la fruta y la finca sean las protagonistas. Desde luego, este enólogo que se ha formado en Francia, Rioja y Jerez huye de los vinos ‘maderizados’, aquellos que defendían las primeras puntuaciones de Parker en los Ribera del Duero, y que hoy censura.

El viñedo se comenzó a plantar en 1985, con injertos de 50 viejos clones diferentes del valle de Esgueva y de Pedrosa de Duero (Burgos), y una década más tarde, en 1995, salió el primer vino Montebaco. Empezaron con 20 hectáreas y hoy cuentan con 54 cultivadas en ecológico, aunque por el momento sólo el 50% están certificadas. Desde entonces, «el crecimiento ha sido progresivo y tranquilo», explica César Muñoz. Si en 1995 se elaboraban 20.000 botellas en estos momentos se producen 250.000 de las marcas Semele (la madre de Dioniso o Baco), Montebaco y Cara Norte, un vino de finca que está a puntito de salir al mercado con el que el enólogo quiere expresar la singularidad del terreno. «Es una apuesta arriesgada porque las uvas proceden de la parcela más fría de la finca, que ya es una de las zonas más frías de la Ribera del Duero», señala Muñoz al referirse a este vino de viticultura y elaboración ecológicas. También producen 20.000 botellas de Montebaco Verdejo (DO Rueda), un vino muy cuidado.

 

Blancos en Ribera

Sus próximos proyectos pasan por plantar en la finca variedades blancas como albarín, convencido de que «Ribera del Duero es una zona mejor para blancos». También estudian abrir la finca al enoturismo.
Con las sucesivas ampliaciones (la última en la sala de crianza se acometió en 2017 y otra prevista para 2019 destinada al lavado de barricas) alcanzarán las 300.000 botellas. Ese es su techo. «Estamos en un momento dulce y complicado al mismo tiempo porque tenemos más demanda que vino», aseguran.

El 75% de los vinos de Montebaco se comercializa en España, sobre todo en Madrid, Alicante, Marbella, Málaga y Canarias, mientras que sus principales clientes internacionales se encuentran en Suiza, Bélgica, Dinamarca, Puerto Rico, China y Japón.