Los múltiples caminos a Santiago por Castilla y León son un regalo de la historia

 

Recorrer el camino que te conduce hasta el apóstol Santiago por tierras castellanas y leonesas es algo más que una simple excursión. Atravesar Castilla y León en diagonal es engullirte cada paso de aire que despide la mezcla de arte y el propio misterio. Atravesar este extraordinario rincón del mundo es impregnarse a cada paso de un aire que rezuma arte y misterio, descifrar los arcanos que los siglos han esculpido en cada piedra del camino. Y por ello, casi es parada obligada San Juan de Ortega, Las Huelgas de Burgos, Castrojeriz, San Martín de Frómista, Carrión de los Condes, Villalcázar de Sirga, San Isidoro de León o Villafranca del Bierzo, entre los cientos y cientos de enclaves que conforman la esencia mística del camino.

Para alcanzar la tumba del santo más español se pueden tomar muchos caminos, tantos como cada peregrino quiera alumbrar. Por eso mismo, el camino es infinito y nunca se acaba de conocer en su universalidad.

La gastronomía, la cultura, los paisajes, la espiritualidad, la compañía, sus gentes, la orografía, los colores o el arte son solo algunas de las perspectivas desde las que afrontar el camino.

Esto ocurre cada kilómetro que recorres, cada arroyo que sorteas, cada puente que cabalgas y cada torre que divisas, porque quien emprende el viaje lo hace con la intención de palpar hasta la última bocanada de la riqueza solariega que riega los campos y pueblos que configuran el mágico tránsito a Santiago de Compostela.

Desde Redecilla del Camino, pueblo donde toma el testigo Castilla y León, hasta O Cebreiro, el peregrino atraviesa tierras burgalesas, palentinas y leonesas, fijando en su retina toda una pléyade de imágenes completamente diferentes, como singulares son cada uno de los peregrinos que jalonan sin solución de continuidad esa aventura tan multitudinaria como personal que conlleva el gran desafío espiritual de labrarse su Camino. Todo un recorrido que a su paso por tierras maragatas se impregna aún más de esa atmósfera mágica y misteriosa que nutre al caminante de fuerzas para seguir el camino.

Y como no solo de espiritualidad vive el hombre, la tierras burgalesas ofrecen los excelentes manjares del lechazo, las judías de Ibeas de Juarros, las palentinas esos quesos perfectamente curados de la Tierra de Campos o bien el poderoso cocido maragato astorgano o de Castrillo de los Polvazares, todos ellos en perfecta armonía con los excelentes vinos de Tierra de León, Bierzo, Arlanza o Ribera del Duero, que hacen de todo el recorrido un auténtico monumento a la gastronomía.

La ruta Jacobea es, además de una ruta mística, un itinerario turístico donde se puede practicar el turismo de interior en cada provincia por la que atraviesa el camino donde se mezclan arte y naturaleza.