Los nutricionistas no rechazan este tipo de comidas como salvavidas en la nevera pero advierten de que una dieta saludable no puede basarse en ellos

 

La frase de «se cocina cada vez menos en las casas» que se escucha en el comercio de alimentación minorista coincide con el éxito de los alimentos llamados de «quinta gama», preparados y envasados por empresas especializadas que pueden consumirse directamente o servir de base para platos más completos y elaborados en cocina. Siguiendo con la terminología del sector, los de «cuarta gama» se refieren a las frutas y hortalizas limpias y cortadas en un envase y también se han convertido en salvavidas de las prisas que se están comiendo el día a día en muchas familias.

Los responsables de la firmas de comida precocinada defienden que «hay muchos bulos y mitos acerca de la comida preparada». Hasta ahora, lo que solía suceder es que «si un producto era sano, no estaba bueno y viceversa».

El auge de la demanda y la cada vez mayor competencia entre empresas ha obligado también a responder a ese reclamo de mayor calidad nutricional. Aún y todo, reconocen, «creemos que hay muy buenos productos sanos y ricos, pero que no es suficiente. A día de hoy, sigue siendo difícil alimentarse únicamente con quinta gama de manera sana y equilibrada». Es decir, la receta puede responder a los criterios de calidad nutricional, pero unas riquísimas albóndigas en salsa o unas croquetas de masa casera pueden ser la base de una alimentación diaria.

Sentido común

El sector recomienda la receta del sentido común. «La quinta gama está muy bien, está creciendo y mejorando, lo que no quiere decir que podamos dejar de cuidar la alimentación y dejarlo en manos de las empresas. La importancia de consumir fruta, verduras…, de mantenerse bien hidratado, llevar una vida activa, no sedentaria, está en la mano de cada uno».

Los expertos en dietética y nutrición advierten de que un consumo reiterado y abusivo puede acarrear un exceso de grasas, sales y conservantes. Como en todas las cosas, se tolera su uso, pero no su abuso. Y hay marcas y marcas, y también diferentes calidades y procesamientos, de ahí la importancia -y dificultad- de leer de forma adecuada el etiquetado de los alimentos.

Atrapados en la contradicción, al mismo tiempo que las estanterías de los supermercados han tenido que hacer hueco a la gran variedad de platos preparados, los distribuidores, como detectan desde el grupo Uvesco, también están siendo testigos de «una mayor preocupación por lo que consumimos: queremos productos frescos y locales, queremos poder elegir productos saludables y compatibles con diferentes alergias alimenticias, y queremos también envases respetuosos con el medio ambiente», un cambio que ha acompañado a otro de los impactos que deja la crisis: se han sustituido las compras grandes y mensuales por compras del día a día, del carro a rebosar a la cesta con la compra justa.