Un paseo entre ‘huertitas’, pasadizos, esgrafiados y rincones con encanto por esta localidad de la Sierra de Francia

 

Una de las cosas que hace grande a la Sierra de Francia es que cada una de las localidades que se asientan sobre sus laderas posee un rasgo de personalidad propio. Algo que hay que recordar con el propósito, sobre todo, de romper estereotipos. Más cuando hablamos de un largo puñado de poblaciones todas ellas hermosas, bien cuidadas, enraizadas en lo cultural y lo arquitectónico, con sabores y olores cercanos a la tierra y a los aires frescos que corren por sus calles. Hablamos también de un territorio agreste y de un paisaje al que siempre apetece volver.

Un territorio que alberga nada menos que seis localidades distinguidas como Conjuntos Históricos por la calidad de la conservación de sus cascos urbanos: La Alberca, Miranda del Castañar, Mogarraz, San Martín del Castañar, Sequeros y Villanueva del Conde, una auténtica constelación de estrellas capaces de contar por sí mismas una historia común –la del territorio del que forman parte- pero también propia, la que corre por las venas de sus calles–.

De toda esa constelación de localidades hermosas puede que la menos conocida y transitada sea Villanueva del Conde. También ha sido la última en incorporarse a este firmamento distinguido. Estupenda excusa, por otra parte, para echar pie a tierra y buscarle, como nos gusta, sus rincones más íntimos.

Encontramos su bello caserío tendido sobre la meseta ligeramente inclinada que acotan por uno y otro lado un par de arroyos –el Chapatal y Fuenteherrero– tributarios del río San Benito. Entre ambos enmarcan el amplio rellano que, con la debida orientación para aprovechar al máximo las horas de sol y hábilmente resguardado de las frías ventoleras de la sierra por las crestas montañosas que lo rodean, fue el escogido por los valientes repobladores que llegaron aquí para quedarse en una época indeterminada de la Alta Edad Media. Algunos siglos después, el 8 de octubre de 1215, en concreto, Alfonso IX fijó los términos del Concejo de Miranda quedando incluida en ellos La Aldea o Aldea del Conde –nombres de esta localidad antes de pasar a llamarse Villanueva del Conde–, sometida, por tanto, a su jurisdicción y tributos.